20 de Octubre de 2018

Opinión

"Matices dentro del gran equipo"

¿No es acaso el sentido del humor una emoción, estado, rasgo o variable de la personalidad y que influye sobre nuestro comportamiento, emociones y pensamiento?

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Viernes por la tarde, junta obligada y, sentado a la cabecera de gran mesa, realicé un paneo y me percaté de grandes contrastes. El panorama me orilló a reflexionar sobre aspectos de la forma de ver la vida y del buen humor más allá de la adversidad. Durante la noche, en mi rincón solitario de la sala donde suelo trabajar, divagué y analicé.

¿No es acaso el sentido del humor una emoción, estado, rasgo o variable de la personalidad y que influye sobre nuestro comportamiento, emociones y pensamiento? Los efectos del buen humor están documentados en la literatura científica y cada vez más investigados. A manera de ejemplo: la risa y el sentido del humor reducen el estrés y la ansiedad, mejoran la calidad de vida, ayudan a eliminar la depresión y permiten llevar mejor una enfermedad.

Abundo sobre los beneficios del buen humor y de la risa cuando hablamos de los problemas cardiovasculares, relaciones sociales y sistema inmunológico. Tan es así que terapeutas cognitivos utilizan fábulas, cuentos, parábolas e información alegre en sus consultas, buscando que el paciente logre cierto distanciamiento del problema y se sienta mejor. De hecho, el buen humor se ha considerado un parámetro para evaluar la salud mental.

Lo anterior va de la mano con reír o llorar, comparando la vida con un gran escenario donde interpretamos distintos papeles: podemos actuar una comedia o una tragedia. La forma de afrontar la vida te ubica en un género u otro, risa o llanto, optimismo o pesimismo, satisfacción o melancolía, ilusión o desesperanza, alegría o solemnidad, informalidad o gravedad. La mayoría fluctuamos entre un polo y otro. Lo que trae a mi memoria a dos filósofos de la antigüedad, representantes fidedignos de los extremos que he mencionado: Heráclito (desgarrado y llorón) y Demócrito (risueño y burlón).

Conozco infinidad de heráclitos, que se desplazan por la vida con una carga de amargura y pesimismo a cuestas, obviamente sin la genialidad de aquél, y muchos demócritos que, aunque no son sabios, tratan de ponerle buena cara al mal tiempo.

La existencia siempre nos deja más cerca de un lado o del otro. Las mentes flexibles se levantan con un pie en el buen humor y otro en el realismo. Ven lo triste, sin necesariamente contagiarse, reflexionan sin ínfulas y ejercen la psicología sin adoptar la pose del típico pensador ensimismado. Te recuerdo que debes ser profundo sin ser sombrío e inteligente sin ser amargado.

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