19 de Noviembre de 2018

Opinión

El ojo del amo...

El poder de la pluma

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Nuevamente esta semana estamos siendo honrados con la visita de compañeros de otras latitudes, cuya encomienda es seguir de cerca los quehaceres de la medicina en Yucatán. Nuestro Estado, más allá de vaivenes y circunstancias, da pasos firmes hacia la excelencia, cuando de salud institucional y extra institucional hablamos. No me dejarán mentir cuando destaco que, desde otra época, este rincón del sureste mexicano se ha caracterizado por formar dignos profesionistas, con próvida calidad académica. Lo dictado sería impensable si no existieran herramientas para evaluar fortalezas y debilidades que con profesionalismo capitalizamos, convirtiéndolas en “garbanzo de a libra”.

Quisiera comentarles que en las instituciones, se realizan supervisiones por diferentes instancias, que vigilan de alguna manera y desde otra perspectiva las estrategias, procesos y eficiencia del desempeño, con el objetivo de acotar y realizar planteamientos finales como áreas de oportunidad para la mejora en la atención. Todo es perfectible si hay voluntad y actitud madura. Estoy seguro de que no es tarea fácil, cuando de romper inercias hablamos. ¿Pero finalmente qué es una supervisión de hospitales y cuál es su peso específico dentro de los procesos de mejora?

La supervisión es una actividad técnica y especializada que permite utilizar racionalmente los factores que hacen posible la realización de procesos en el trabajo: el hombre, la materia prima, equipos, maquinarias, herramientas, dinero, entre otros elementos que intervienen en la consecución de bienes, servicios y productos destinados a la satisfacción de necesidades de un mercado de consumidores, cada día más exigente, y que mediante su gestión puede contribuir al éxito de la empresa.

Supervisar requiere: planificar, organizar, dirigir, ejecutar y retroalimentar. Exige constancia, dedicación y perseverancia, con el afán de incrementar la productividad, uso óptimo de lo que tengamos, contribuir a mejorar las condiciones laborales y obtener adecuada rentabilidad en cada actividad, pero se necesita de la participación y compromiso de todos. No existe pieza menor en el engranaje. El despojarnos de algunos estigmas que arrastran escasos, pero que empañan el esfuerzo de muchos, es factura pendiente de erradicar por el bien del colectivo.

Nadie es indispensable, ni insustituible, ¡nunca olvidarlo! En el camino andamos y, más que quejarnos, aquilatemos maduramente lo que se nos va mostrando ante nuestra mirada, ciega a veces por el atribulado devenir.

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