24 de Septiembre de 2018

Opinión

"El reto de las vacaciones"

El verano y las vacaciones son más exigentes con la convivencia familiar.

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Una de las mayores ilusiones es hacer coincidir las vacaciones laborales con las escolares, para así juntos salir de paseo. Estos ansiados días se vislumbran mágicos, llenos de placer, de encuentro, felicidad y alegría, pero la realidad dista mucho de los estereotipos que se le adjudican.

¿Por qué las ansiedades crecen? Entre los principales motivos tenemos que durante el año las rutinas de los adultos, niños, jóvenes y hasta los abuelos sostienen a la familia cual red de soporte, equilibrando los tiempos y frecuencia de los encuentros. En el verano muchas de esas rutinas desaparecen, aumenta el tiempo libre y todo ello en su conjunto genera cambios relevantes.

El verano y las vacaciones son más exigentes con la convivencia familiar, plantean períodos más extensos para estar juntos, de modo que los conflictos de pareja que durante el año pueden estar encubiertos, en las vacaciones tienen 24 horas para manifestarse.

También afloran los “traumas” cuando se trata de elegir el traje de baño a lucir. De hecho hay personas con poca autoestima que prefieren no salir de vacaciones para no exponerse a las críticas por no sentirse a gusto con su figura.

Y siguiendo con nuestra lista de argumentos poco halagadores, destacaré aquellos casos en que, al no haber actividades escolares o laborales rutinarias, se genera la sensación de estar perdiendo el tiempo. Paralelamente otras personas, sobre todo las que viven solas por la razón que fuere, circunstancialmente se remontan a escenarios dolorosos por aislamiento, lo cual aplica a sujetos divorciados, a quienes en muchas ocasiones les es difícil planear las vacaciones sin su compañero(a). Si existen hijos de por medio, se tendrán que dividir los tiempos, trayendo aparejada mayor responsabilidad y presión de la pareja ante los imponderables que de forma pormenorizada serían cuestionados.
Punto especial merecen los adolescentes, en quienes afloran conflictos que no se manifiestan el resto del año. Por lo general, en las vacaciones se relajan los límites, entonces los adolescentes se rebelan y cuestionan todo, y más cuando se trata de establecer horarios de salida y llegada. Esto se extiende inclusive más allá del verano, porque los límites se han relajado y cuando se vuelve al hogar cuesta ajustarlos de vuelta.

Más de alguno se habrá identificado con este escenario de placer y conflicto. El que surjan los problemas es parte de las modificaciones en la dinámica, por lo que conviene adelantarse a potenciales adversidades y platicarlas antes de que nos alcancen. 

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