10 de Diciembre de 2017

Opinión

Emociones enfermas y suicidio

La lucha contra el flagelo del suicidio empieza en casa, mediante la convivencia y fortalecimiento de valores.

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En pleno siglo XXI, con frecuencia escuchamos del incremento de la automutilación conocida como suicidio; y cuando hablo de suicidio, me refiero al sentido real, y no al figurado que utilizamos cuando aceptamos algún puesto administrativo en dependencia institucional.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos alerta desde hace un lustro de que el fenómeno del suicidio se ha convertido en la segunda causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años. De tal manera que cobra una vida cada 40 segundos. Cabe destacar que tres de cada cuatro se concretan en países con ingresos bajos y medianos, como México.

El desencadenante de esta tribulación universal es multifactorial, pero podemos citar enfermedades mentales, pobreza, abuso de sustancias tóxicas, aislamiento, dificultad para las relaciones entre parejas y problemas laborales, entre muchos.

Incuestionablemente ya es un problema de salud pública, cuya tendencia va creciendo en el grupo de personas que huyen de la realidad, ante crisis emocionales y su desacuerdo con el actual sistema de vida. El crecimiento de este fenómeno alcanza el 13 por ciento en México, y si de Yucatán hablamos, en un año, su crecimiento galopante rasca el 50 por ciento. Destaco que en primer sitio se encuentra Campeche, situación que nos debe llevar a la reflexión.

En cuanto a las maneras de segarse la vida, encontramos que las mujeres optan por las pastillas o cortes, en cambio los hombres lo logran a la primera a través del ahorcamiento en poco más de la mitad de los intentos.

Políticamente este tema se intenta evadir, pues impacta y cuestiona al sistema familiar y social. No es un secreto que las oportunidades laborales se reducen, pero la desnutrición, la cirrosis hepática, los divorcios y la drogadicción van al alza.

La población infantil no queda al margen, ya que por un lado el menor es objeto de presiones familiares como resultado de un mundo cabalgantemente competitivo, y por otro, padres exigentes obligan a alcanzar expectativas escolares más allá de sus capacidades.

Te pido que reflexiones y refrendes tu compromiso social. La lucha contra el flagelo del suicidio empieza en casa, mediante la convivencia y fortalecimiento de valores. La cohesión social y la institución familiar están más allá de cualquier capricho veleidoso.

¿A propósito, hace cuánto tiempo no charlas con tu hijo adolescente?... Pronto te hablaré de la ética profesional amenazada por ocultamiento y engaño.

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