13 de Noviembre de 2018

Opinión

Cáncer y burocracia criminal

Pacientes libran doble batalla: contra la enfermedad y contra los funcionarios.

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Recientemente un conocido me narró triste pasaje, vivido en alguna parte de Yucatán. Me describió evento que tuvo desenlace fatal, favorecido por la imperante burocracia dentro de alguna instancia de salud. Ipso facto pregunté: ¿de qué sirve tanta sensibilización en la lucha contra el cáncer, si para poder recibir atención hay que librar tenaz batalla contra la burocracia? Tal vez los pocos en tercer nivel ignoran su impacto en la población de nuestro Estado…

El cáncer tiene un papel primordial en el fenómeno destructivo de la especie humana, y a pesar de los esfuerzos realizados por los sistemas de salud a nivel mundial, nacional y estatal, amén de la tarea por parte de los medios de comunicación, las cifras no cambian e inclusive muestran tendencias al alza.

La OMS alerta sobre esta situación crítica y que, de no aplicar estrategias eficaces, para 2030 habrá 26 millones de nuevos casos, de los cuales el 65% serán fatales. En México, las enfermedades oncológicas son la tercera causa de muerte en la población general (precedidas por diabetes y enfermedades cardiovasculares), representando gastos millonarios para instituciones de salud o bolsillos del doliente.

El panorama es devastador y en 50 años, esta patología tuvo un aumento del 70%. A partir de la década de los noventa, los tumores malignos aumentaron considerablemente en los mexicanos mayores de 30 años, ocupando el primer lugar el cáncer de mama y pulmón en mujer y hombre, respectivamente, seguidos del cérvico-uterino, próstata y tubo digestivo (estómago y colon).

El impacto familiar no es cosa menor. Preocupantemente nos topamos con que el 25% de la gente que entrevistemos reconocerá tener o haber tenido por lo menos un familiar con cáncer y desafortunadamente uno de cada tres responderá que, por razones económicas o desconocimiento, no han sido tratados con quimioterapia, radioterapia y/o cirugía.

¡Luego entonces quienes estamos fallando somos nosotros!, al no echar mano oportunamente de los recursos disponibles. Por un lado hay desidia o apatía por acudir a chequeos preventivos, y por el otro, algunos burócratas que deciden desde un escritorio “quiénes sí o quiénes no” pueden recibir atención en hospitales de alta especialidad.

Muchos han tenido la desdicha de perder algún ser querido por esta causa, y esto me quebranta el corazón; otros viven este calvario en carne propia. Espero que este trabajo de todos no lo echemos en saco roto.

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