14 de Diciembre de 2017

Opinión

Líderes convencidos salvan vidas

En cada rincón o lugar que ocupes, predica con el ejemplo.

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Llega la Semana Mayor y hago propicio el momento para reflexionar y centrarnos en fortalecer la verdadera esencia de la conmemoración. Son días para dejar escapar los destellos de amor y comprensión y eliminar los cotidianos brochazos de soberbia, rebeldía y prepotencia que dominan el orgullo. Cuánta falta hacen los verdaderos líderes de antaño, que, sin emitir comentario, con actitud, ética y moral enmudecían al vil.

En las más de cinco décadas de mi existencia, este México de atribulados caminos ha sufrido de todo y su gente, con fortaleza envidiable, ha tolerado casi todo. Lo que hace la diferencia entre ayer y hoy son los elementos que mantenían cohesión, la ética, valores, principios y solidaridad. Las aguas bravas han enterrado valiosos tesoros que nos hacían más humanos y quedan algunas ruinas de nostálgicos recuerdos. ¡Sólo vestigios quedan del respeto a los progenitores, consanguíneos o semejantes!

Recuerdo a mis abuelos, padres y mentores; todo lo que enseñaban e inculcaban eran “garbanzos de a libra”, que por convicción cumplíamos, y cuya constante era el servicio a los demás sin esperar nada a cambio. Te taladraban insistiendo en que lo aprendido era sólido cimiento de ese compromiso adquirido con la sociedad y que mientras más recibieras, más le debías. Desafortunadamente en sumadas ocasiones estos granos de sabiduría humana se han traducido en renglones manipulados para conveniencia de pocos, reduciendo esa convicción de “hacer para alcanzar ser”, en derechos con andamiaje jurídico, para utilizarlos y retorcerlos a modo.

Como estudiante no existían horarios, mucho menos tecnologías para acortar distancias, y con cada año que avanzaba, pesaba la gran responsabilidad de la vida del ser humano que confiaba en el “galeno”. Nos moldeaban y hacían que te enamoraras del conocimiento, aunque utilizaban técnicas poco ortodoxas, como aplicar para reprimir tono de voz elevado u obligarnos a repetir la lección hasta que aprendiéramos. Todo con el afán de convertirnos en profesional responsable, respetuoso, sin pensar que se dejaba el alma con tal de devolver la salud y/o vida de los semejantes.

Requerimos con urgencia líderes morales, éticos, con valores y principios centrados en el ser humano, que vayan más allá de “jerigonzas legaloides de los pusilánimes y mediocres”, que así como el Hijo de Dios vuelto hombre predicó con humildad y sabiduría enseñanzas sempiternas, en cada rincón o lugar que ocupes, prediques con el ejemplo.

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