17 de Diciembre de 2017

Opinión

No hay dolor que dure mil años

Ocúpate de tu salud, es una exigencia que me encarga la familia.

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Cuántas veces no nos hemos sentido vulnerables, frágiles e impotentes ante una enfermedad que nos asalta por sorpresa, llevándonos a la postración, aislamiento y limitación temporal. ¡Nadie sabe lo que tiene hasta…!

¿Pero qué sucede cuando nos enfrentamos a esos problemas que llamamos crónicos, por su duración mayor de los dos meses? Efectivamente, sentimos que el mundo se acaba y más de uno, en mis 30 años de médico, se ha desplomado emocionalmente al saber que tiene diabetes, artritis, hipertensión o cáncer.

Las expresiones derivadas del lastimoso diagnóstico son múltiples, destacando tristeza, desesperación, deseos de llorar, irritabilidad, depresión, negación y escasa tolerancia. Lo que sigue es la búsqueda de un culpable a quien reclamarle la desdicha. ¿A qué se debe que de inmediato ronde el fantasma de la fatalidad?

Te comento que el saberse “atrapado” por una dolencia crónica produce grave distorsión de la vida y cual tentáculo alcanza las áreas personal, familiar, laboral y social. Los síntomas son abigarrados y van desde malestar, miedo, depresión, agresividad y pérdida de comunicación con la familia, hasta aislamiento social y deterioro del nivel socioeconómico.

Quienes rodean al doliente abonan comentarios que poco ayudan a su recuperación. No falta quien exprese: ¡así le pasó a zutanito y se murió hace dos meses!, o ¡te lo dije, debiste hacerte unos análisis!

Nuestra reflexión trata de enfatizar que el abandono, la desidia, el poco interés o autoestima son los peores compañeros de las enfermedades. Modernos hábitos alimenticios, el consumo de sustancias adictivas, la falta de ejercicio, el sedentarismo y estrés no sólo son capaces de modificar la salud del cuerpo humano, sino que erosionan nuestras actitudes y modifican la percepción de la vida.

Por todo ello, éste es el momento de dar un giro a tu estilo de vida. Es importante que primero te quieras para poder querer a los demás, abandona esos aires de perdonavidas y posturas egoístas que te hacen pensar que puedes hacer con tu vida lo que quieras. Somos parte de un engranaje, donde todas las piezas -por pequeñas que sean- son indispensables para mantener el funcionamiento exacto y positivamente evolutivo de la humanidad.

Cual colofón, te seguiré recomendando la práctica de ejercicio diario, alimentación prudente y guiada, amén de chequeos médicos periódicos. Ocúpate de tu salud, es una exigencia que me encarga la familia.n

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