22 de Octubre de 2018

Opinión

Soberbia moral y decadencia

Creer que se tiene la razón por encima de los demás genera un clima de violencia e intolerancia.

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Me comentaba joven galeno que, al entrar en la oficina que albergaba al despachador de lujoso hospital donde prestaba sus servicios, se sintió intimidado por personaje que le recriminó haber rebatido diagnóstico en público a su maestro durante la visita médica. Repuse que me parecía vergonzozo arrebato y que don Benito Juárez desde su glorieta reprobaría.

Este pasaje se repite en diversos escenarios personales, profesionales, laborales y sociales. Cuántos “personjes” de dudosa moral se atreven a estigmatizar y vilipendiar a quien opina diferente, recurriendo con prepotencia al lenguaje ofensivo. ¿Será que la escasez de elementos de valor y la humildad marchita alimentan su ego, que se ve amenazado por el “valiente” y alimentado por los serviles? Lo descrito entraría dentro del término “soberbia moral”.

Dice el diccionario María Moliner que la soberbia “es una cualidad o actitud de la persona que se tiene por superior a las que le rodean, y desprecia y humilla a las que considera inferiores”. El Larousse añade que “es estimación excesiva de sí mismo en menosprecio de los demás”. El soberbio muestra empecinamiento en resistir y en despreciar.

Somos parte de una sociedad que está enferma de soberbia moral. Creer que se tiene la razón por encima de los demás y que quien piensa y es diferente a nosotros es menos por tal motivo son síntomas inequívocos. Esa situación genera un clima de violencia e intolerancia, por lo que, si se quiere tener una sociedad justa, es necesario acabar con la soberbia. Ya basta de encumbrados relumbrones, que por el rabillo del ojo ven al humilde y “talachero”, olvidando que gracias a ellos perdura muchas veces su inútil existir.

Cuántos perdonavidas, burócratas de escritorio, se niegan a dar la mano a quien más lo necesita –aún en su lecho de muerte– con argucias administrativas. Atraigo a mi mente a mentor durante mis años de maestría en administración pública, quien insistía en que en la política y en otros menesteres la moral es “un árbol de moras”.

Estimado lector, te pido reflexionemos sobre nuestro actuar cotidiano, invitándote a que hagas caso omiso a quien detectas como “soberbio moral”. Recuerda que todos somos iguales. La ayuda al prójimo debe ser tu principal objetivo. Don Chinto decía: “Mientras más alto estés, más humide te comportarás”.

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