22 de Septiembre de 2018

Opinión

Ante el abismo blanco de la hoja

Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad.- Carlos Ruiz Zafón

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Diana Puga/SIPSE

Mérida, Yuc.- Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad.- Carlos Ruiz Zafón

Muchas veces pensamos que escribir es fácil. Lo pensamos hasta que nos sentamos frente a un teclado y una hoja (muchas veces acompañados de la música que suele inspirarnos), lo pensamos hasta que nuestros ojos se posan en ese infinito color blanco y nos damos cuenta de todas las historias u opiniones con las que podemos decorar aquella hoja, pero también todas esas que dejamos a un lado por falta de tiempo, de valor o de convicción para creer que aquello que ronda por nuestra cabeza no seducirá al lector.

Escribir no es fácil y nunca lo será, trae consigo un pequeño dejo de vanidad y otro de inseguridad. Escribir trae un perfecto intento de cambiar al mundo; y el escritor viene con un deseo nato de ver su nombre impreso en un papel porque, de esa forma, entonces estará seguro que será inmortal.

Escribir es una de las cosas más difíciles pero más inquietantes que he hecho en mi vida. Escribir es una forma de dejar, pero también de retener, lo sé porque estoy segura de que en unos años, al abrir mis escritos hechos en mis años universitarios, me encontraré con mis historias inventadas y con esas otras que relatan quizás algunas de las cosas más importantes. Me gusta pensar que cuando ese momento llegue y las hojas se vuelvan a abrir, tendré de nuevo veinte años, serán de nuevos estos tiempos y todo lo que he vivido ocurrirá de nuevo. Y al pensar todo esto, me doy cuenta de lo que significa realmente el acto de escribir.

Escribir es guardar para siempre, es hacer inmortales a todas aquellas personas en quienes nos inspiramos para crear personajes, para contar historias. La tarea del escritor nunca es fácil, se enfrenta constantemente a un abismo de color blanco que suele traer consigo algún vacío o confusión, la tarea del escritor suele venir acompañada de un gran anhelo de agradar (aunque muchas veces digamos que escribimos para nosotros y nadie más); el escritor viene acompañado de algunas metáforas inventadas, y su tarea viene acompañada de un gran gozo, de un gran esfuerzo y, algunas veces, de uno que otro sufrimiento.

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