20 de Noviembre de 2018

Opinión

Celebr(arte)

El poder de la pluma

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Más de una vez he estado presente en esas pláticas de padres orgullosos que hablan acerca de las carreras que han elegido sus hijos. Cuando toca el turno a mis padres: “Mi hija estudia Literatura”, dicen, y en ese momento las cabezas de todos bajan y alguien pregunta: “¿Y de qué puede trabajar después?”, otros prefieren evadir el tema. Más de una vez he estado presente en dichos momentos y más de una vez he deseado que no le tocara el turno a mis padres, que mi carrera se quedara en el anonimato o que simplemente nunca se diera esa plática en todas las reuniones.

Hace unos días leía un texto de Juana Mateos, en él comentaba que el poeta colombiano Ángel Marcel narró en cierta ocasión que en 1997 preguntaron al escritor portugués José Saramago: “¿Para qué sirve la literatura?”, y éste contestó: “Para nada, solamente para comprender mejor esa cosa tan rara que somos los humanos”, y eso me hizo pensar; ahora estoy segura de que no solamente la literatura sirve para tan grande tarea, estoy convencida de que a la pintura, al cine, al teatro y al resto de las artes, también les gusta cooperar en dicha responsabilidad.

Es por eso que siempre me gusta recordar que “la medicina, leyes, administración, ingenierías son profesiones muy nobles y sin duda necesarias para sostener la vida diaria, pero la poesía, belleza, romance, amor es por eso que vivimos”. Al menos es lo que me enseñó uno de los diálogos de la película titulada La sociedad de los poetas muertos. Creo firmemente que no hay frase más certera: la humanidad necesita ingenieros, necesita doctores, pero también necesita gente que enseñe por medio de rimas, de películas y demás lo que es la vida, lo que es el amor, lo que es la muerte.

Deberíamos dejar de juzgar al arte, deberíamos celebrar cada vez que alguien decide hacer una rebelión social y matricularse en la escuela de humanidades, deberíamos dejar de juzgar y empezar a leer sus poemas, a ver sus actuaciones, a celebrar con cada cortometraje que realicen, a encontrarle la belleza a los cuadros que pinten; deberíamos celebrar y dejar de cuestionar; deberíamos celebrar al arte como si cada día alguien de nosotros hubiera ganado uno de esos premios importantes, tal vez de esa forma ese muchacho que iba para ingeniero o aquella chica que iba a ser abogada puedan decir sin miedo que escribir poesía, que dirigir películas, que dedicarse al arte es realmente lo que siempre quisieran hacer.

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