10 de Diciembre de 2017

Opinión

Tal y como somos

Cada sentimiento tiene una razón de ser y puede ayudarnos a crecer.

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Desde el inicio de nuestra vida, los que nos rodean, con la sana intención de educarnos, nos dicen que algunos de nuestros sentimientos son malos o son indeseables. Logrando que poco a poco comencemos a pensar que somos malos por sentirlos. Cuando en realidad los sentimientos no son malos ni buenos, no son deseables o indeseables, son solo eso, sentimientos y no podemos evitar sentirlos, surgen del fondo de nosotros.

Cuando pensamos que un sentimiento como la ira, la envidia o cualquier otro es malo, lo que pasa es que comenzamos a negar una parte de nosotros mismos que no queremos que el resto de la gente vea, una parte de nosotros que creemos hará que la gente nos rechace y lo que hacemos es ocultarla, taparla, enterrarla en nuestro subconsciente, pero en el fondo siempre sigue siendo parte de nosotros.

Al negar lo que sentimos, nos negamos a nosotros mismos, ocultamos algo por la necesidad de ser aceptado y no nos damos cuenta de que nos estamos rechazando. Cada sentimiento tiene una razón de ser y puede ayudarnos a crecer. La envidia nos enseña que parte de los demás nos parece deseable o nos gustaría tener. La manera en la que lo procesamos es la que se convierte en buena o mala. Si lo que hacemos ante la envidia es ver como le quitamos a la otra persona lo que tiene que nosotros no tenemos, eso podría estar mal. Pero si al sentir envidia lo que despertamos en nosotros son las ganas de aprender, de cambiar, de ser mejores, entonces la envidia no será un sentimiento negativo, será un motor de cambio.

Como con todo en la vida, lo que hace la diferencia es nuestra actitud ante las cosas, el cómo reaccionamos, el cómo actuamos ante las circunstancias que nos rodean, es lo que diferencia lo positivo de lo negativo.

El ocultar, el negar, solo genera sombras en nuestra personalidad que cada día pesan más y nos impiden crecer. Ocultando los sentimientos, fingiendo que no los sentimos, perdemos poco a poco el rumbo y la orientación de nuestras vidas y dejamos de hacer caso a nuestro instinto, a nuestra voz interior que nos aconseja. Nos vamos acostumbrando a no escuchar a nuestros sentimientos porque pensamos que a veces se equivocan, que son malos o no deseables, y los vamos acallando e ignorando hasta que su voz es tan débil que casi no los escuchamos.

Y entonces, por buscar la aceptación de los demás, nos perdemos a nosotros mismos. Por no equivocarnos cometemos el peor error, que es no aceptarnos. Debemos de comenzar a escuchar nuestra voz interna, a nuestros sentimientos a nuestros deseos y recuperarnos, poco a poco conocernos, aceptarnos y realizarnos. No hay peor soledad que la de no tenerse, porque a los demás nunca los tenemos del todo, pasan por nuestra vida de manera ocasional, pero al final siempre pasan, lo que permanece es lo interno, el amor por nosotros mismos que nos permitirá amar a los demás, pero desde nuestra propia aceptación.

Si por ser aceptados y queridos renunciamos a lo que sentimos, a lo que pensamos, a lo que somos , tarde o temprano nos quedaremos solos. Si logramos aceptarnos y amarnos encontraremos el camino que nos libera del miedo al rechazo de los demás y nos permite vernos como seres únicos y dignos de ser amados y aceptados tal y como somos.

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