12 de Diciembre de 2017

Opinión

No caigas en el consumismo

“La persona realmente feliz es la que necesita pocas cosas y esas pocas cosas las necesita poco”.

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Vivimos en un mundo en el que lo importante es el consumo. Las personas valen por lo que tienen o por lo que parece que tienen. En esta vorágine de publicidad y de presión para el consumo nos convertimos en víctimas de nuestra propia necesidad de aceptación y vamos adquiriendo diferentes objetos que nunca necesitaremos, pero que parecen tan útiles cuando los vemos anunciados y de pronto nos sorprendemos cuando vemos en nuestro clóset ropa que aún tiene etiqueta porque nunca la hemos usado o un destapacorchos de botellas que nunca tomamos, moldes de formas para pasteles que sólo usamos una vez y que seguimos guardando con la esperanza de volver a necesitar, ropa dos tallas más chica de la que hoy usamos pero que guardamos con la secreta esperanza de que nos vuelvan a quedar.

Guardamos y guardamos cosas y no nos damos cuenta de que, a veces, nos volvemos esclavos de ellas. Hay aparatos de pilas recargables que hay que cargar cada mes para que no se descompongan y que sólo usamos muy de vez en cuando, nuestras cocinas no tienen espacio para trabajar o amasar porque tenemos licuadora, batidora, tostador, sandwichera, horno y todos los aditamentos que se les ocurre fabricar con el supuesto objetivo de hacer nuestra vida más sencilla y que nos van llenando los espacios indispensables para la vida cotidiana. Objetos que son hermosos al comprarlos y que nos parecen súper indispensables pero que al paso de los días sólo sirven para guardar polvo y ocupar lugar.

Revisa cada espacio de tu casa, decide cuál es su función principal y saca todas aquellas cosas que no tengan que estar ahí. Si compraste un rompecabezas que ocupa tu mesa del comedor desde hace dos meses, tal vez es el momento de darte cuenta que armar rompecabezas no es tu afición preferida, guarda el rompecabezas en una bolsa o en su caja y regálaselo a alguien que disfrute armarlo, si tienes pilas y pilas de libros que ya leíste, revísalos, conserva aquellos que te aportaron algo especial, aquellos que pienses volver a leer y comparte las horas de entretenimiento que te produjeron, dónalos a una biblioteca, regálalos o véndelos pero no los conserves ocupando espacio en tu sala. Si llevas años guardando aquel precioso vestido rojo porque algún día volverás a ser talla 5, a pesar de que ahora eres 14, es mejor venderlo y ya cuando logres bajar de peso te premiaras con un nuevo vestido o una blusa.

No ates tu vida a las cosas, tu valor está muy lejos de tus posesiones, está en tu corazón, recuerda lo que San Francisco de Asís decía:

La persona realmente feliz es la que necesita pocas cosas y esas pocas cosas las necesita poco.

Quédate con lo necesario y antes de volver a comprar algo piensa si realmente lo necesitas, no te dejes llevar por la corriente del consumismo.

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