14 de Noviembre de 2018

Opinión

La voz de tu corazón

El poder de la pluma

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Dicen que la llave de la felicidad fue escondida por los dioses en el principio de los tiempos en un lugar muy difícil de encontrar, dentro del corazón mismo del ser humano. Este es un lugar difícil de encontrar no solo por que vivimos buscando cosas en el exterior que nos den felicidad, sino también por que al ver en nuestro interior, al buscar dentro de nosotros mismos, es cuando nos preguntamos qué es lo que realmente queremos y qué es lo que nosotros podemos hacer para lograr nuestra felicidad, la leyenda dice que la ocultaron en nuestros corazones, pero no con la intención de que nunca la encontráramos, sino para que supiéramos que todo lo que necesitamos, todo lo que creemos que nos hace falta, está en nuestras manos y solo tenemos que observarlo, que observarnos, dejar de ver hacia fuera y entender que no nos hace falta nada.

Muchas personas pasan su vida esperando a su media naranja, a ese ser casi mítico que llegara y los completara y por fin juntos podrán ser felices. Pero en realidad no somos media naranja, somos seres completos. No necesitamos complementos, una vez más necesitamos ver al interior, a lo que llamamos nuestro corazón. Es muy difícil ver a nuestro corazón, no solo por lo difícil que nos es enfrentar nuestros propios sentimientos, sino también por que hay mucho ruido a nuestro alrededor, casi no podemos escuchar la voz de nuestro corazón. Se confunde con la voz del miedo, con la necesidad de pertenecer a un grupo, con lo que los demás quieren de nosotros, con nuestros recuerdos.

Y sin embargo, si logramos escucharlo, si acallamos esas voces externas entonces sabremos que tenemos lo necesario para ser felices, para vivir con serenidad, pero tenemos que entender que se necesita coraje, porque en esta mirada interior podemos encontrar muchas cosas que conforman nuestra esencia, y es posible que algunas no nos parezcan deseables, que sean parte de nuestra sombra, cosas que sentimos y que ocultamos porque no nos parecen correctas o adecuadas y sin embargo son parte de nosotros y no podemos solo ocultarlas o pretender que no existen. Tenemos que enfrentarlas, aceptarlas y no juzgarnos. El coraje nos dará la fuerza para continuar el camino del autoconocimiento y para asimilar lo que encontremos.

Se necesita también humildad, entender que nos queda mucho por aprender y que cada situación a la que nos enfrentamos y cada persona que se relaciona con nosotros tiene algo que enseñarnos. Pero si creemos que nuestra taza ya está llena, que ya tenemos toda la sabiduría que necesitamos, no tendremos espacio para lo nuevo, para lo que descubramos, para aprender nuevas cosas y caminar nuevos caminos. Para ser auténticos tenemos que aceptar con humildad, quiénes somos y cómo con cada error o cada experiencia tenemos un nuevo regalo, una oportunidad de aprender, ser mejores y conocernos mejor.

La honestidad es un valor importante en este camino, porque es muy fácil negar lo que no nos gusta, mentirnos, pintarnos una realidad que nos dé confort. Con la honestidad podremos vernos a nosotros mismos evitando el autoengaño, la honestidad nos permitirá aceptarnos tal y como somos y aceptando nuestra responsabilidad en todo aquello que nos ocurre y en cómo reaccionamos ante ello.

Es común que culpemos a los demás por nuestro fracaso, que culpemos a nuestro pasado por nuestros miedos. Siempre hay alguien externo a quien culpar por no haber tenido la fuerza y el coraje para alcanzar nuestros sueños, pero en realidad solo somos nosotros los responsables de nuestra vida, nosotros somos quienes permitimos que alguien o algo nos afectara, nos marcara y no nos dejara triunfar o ser felices. En el camino del autoconocimiento, en la mirada a nuestro interior tenemos que aceptar la responsabilidad que tenemos sobre nuestra propia vida y sobre la manera en que decidimos vivirla.

El proceso de la felicidad, del camino a nuestro corazón es eso, un proceso, no es un acto inmediato y no se realiza en un periodo corto de tiempo. Es un viaje constante que requiere paciencia, que necesita de nuestro compasión, comprensión y perdón. Es un viaje que no termina pero que va logrando conquistas, que permite una mayor serenidad conforme más lo realizamos, comienza hoy este viaje al interior y conquista la felicidad que busca tu corazón.

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