17 de Agosto de 2018

Opinión

Desconecta para cultivar la atención

El poder de la pluma

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En un artículo, el escritor Daniel Goleman nos habla de un tema inquietante: “Desconecta para cultivar la atención”. Nuestra relación con la tecnología influye poderosamente en nuestro estilo de vida presente y futuro. Las cosas que nos llaman la atención determinan nuestros intereses. Decía Yoda en una de las películas de La Guerra de las Galaxias: “Ten muy presente que tu enfoque determina tu realidad”.

La atención es un músculo que se desarrolla conforme lo usamos, va creciendo y se va ramificando, pero las cosas en las que ponemos nuestra atención determinan quiénes somos y cuáles son nuestros valores y la manera en que vemos e interpretamos al mundo.
En la actualidad, no es raro ver a una mamá que no se despega de la pantalla de su teléfono o tableta mientras sus hijos están tratando de llamar su atención, o más triste aún ver a toda una familia compartiendo un espacio, pero con las miradas fijas en la pantalla tecleando velozmente cientos de mensajes. En las salas de cine, en las cafeterías, en los conciertos, caminando por la calle la gente va con la mirada fija en la pantalla poniendo toda su atención en una realidad virtual que no forzosamente refleja la realidad.

Viendo el mundo de ayer con los ojos de un adolecente de hoy, me imagino que no encuentras qué es lo que hay que extrañar de aquella infancia y aquellos juegos simples. Al ver esa imagen, después de jugar con pantallas que te llevan a todo el universo y que te permiten luchar contra zombis o alienígenas, no podrían entender nuestra nostalgia. Unos niños jugando con el “tinjoroch” o con el elástico ¿cómo pueden compararse con sus recorridos interplanetarios? Y sin embargo, la nostalgia no viene del juego en sí sino del compañerismo y el contacto humano del que disfrutábamos, de las risas compartidas, de aprender a entender al otro observando sus reacciones, del abrazo, del cariño, de la risa compartida.

Los niños de hoy crecen en una nueva realidad que está casi desconectada de sus semejantes y muy conectados con las máquinas. Esto les permitirá desarrollar habilidades que seguramente serán útiles en un futuro automatizado; sin embargo, no saben que el precio que están pagando es muy alto, ya que se elimina la interacción con otras personas. El compromiso que nuestras nuevas generaciones tienen con la pantalla digital paga un precio en tiempo pasado en compañía de personas reales, en tiempo pasado entendiendo los mensajes no verbales que dicen mucho más que lo que expresamos.

Los jóvenes de hoy tienen que tomar un tiempo de lo que están haciendo y de su concentración para tomar fotos y enseñarle al mundo virtual lo mucho que están disfrutando, aunque no sea la verdad. Estamos desarrollando en nuestros jóvenes grandes capacidades cognoscitivas y de habilidad para encontrar información, pero pagando el precio con déficit emocionales, sociales y de memoria; jóvenes acostumbrados a que la imagen de la pantalla cambie constantemente, a hablar con muchas personas a la vez de cientos de temas diferentes, y esto lo están pagando con la poca capacidad de atención que hoy tienen.

Nuestro tiempo de atención ha ido disminuyendo, antes podíamos ver un video de 10 o 15 minutos explicándonos algún proceso; hoy, si ese video dura más de un minuto pierde la atención de la mayoría de los que lo están viendo. Hemos conquistado el mundo exterior, hemos enviado un coche a Marte y sin embargo vamos cerrándonos a nuestro mundo interior, a nuestros sentimientos, y encerrándonos en un mundo virtual que no corresponde a la realidad, que nos permite escapar pero que no nos deja conectar en realidad, que nos entretiene pero que no nos deja concentrarnos. Debemos de empezar a revertir esta tendencia, no podemos abandonar la tecnología que nos ayuda a construir un mundo mejor, pero no podemos permitir que acapare nuestro tiempo y nuestros valores.

Busquemos tiempo para nosotros, para la reflexión, para la amistad, para la familia. El tiempo libre permite florecer al espíritu, la creatividad se encuentra cuando tienes el suficiente tiempo libre como para pensar, apartemos la tecnología de nuestras vidas por espacios de tiempo que nos permitan disfrutar también el aspecto humano, designemos tiempo para las relaciones, para leer, para pensar, desconectémonos un poco para poder cultivar la atención. 

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