20 de Noviembre de 2018

Opinión

Lleguemos al fondo

El poder de la pluma

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Estamos en Semana Santa y nos rodea un ambiente espiritual y de ayuda al prójimo. En esta semana nos sensibilizamos más y vemos con alegría como cientos de jóvenes toman la oportunidad de irse de misiones y aprender a ayudar un poco a los que nos rodean, darse un tiempo para buscar dentro de sí, qué es lo que tienen para compartir y para ayudar a su comunidad.

La verdad es que esta semana está llena de formas y protocolos que parecen guiarnos para ser un buen cristiano, pero en realidad tenemos que ir un poco más allá y adentrarnos en el fondo, darnos un tiempo para la meditación y para la introspección. ¿Qué tengo yo para ayudar a los demás,? ¿qué cualidad, qué habilidad, qué conocimientos tengo yo que puedo poner al servicio de mi prójimo para mejorar a mi comunidad?

Creo que podemos sorprendernos, hay mucho más dentro de nosotros mismos que lo que imaginamos, muchas personas se quedan en donar dinero. El dinero nos puede ayudar a cubrir muchas necesidades básicas que no se encuentran cubiertas, dar ropa a quien la necesite, ayudar en alguna construcción para la comunidad, medicinas, apoyos, comida. Pero el dinero, aunque siempre es necesario, no lo es todo, si vemos un poco más dentro de nosotros mismos nos encontramos que podemos dar compasión, tiempo, educación, paciencia, apoyo, ejemplo, alegría, compañía.

Hay mucho en nosotros para dar y una vez que lo encontramos y lo compartimos nos damos cuenta de que los principales beneficiados somos nosotros mismos, porque es a través de dar y de darnos que podemos encontrar un sentido más profundo para nuestras vidas, una satisfacción que llene nuestro corazón, un descubrir de lo que somos capaces y la diferencia que podemos hacer en la vida de los demás.

Esta Semana Santa dejemos a un lado la tecnología, olvidémonos por una semana de las comunidades lejanas, de los problemas del mundo, y centremos nuestra atención en nuestra comunidad. Para muchos meridanos, en Semana Santa nuestra comunidad puede ser el puerto de Progreso y Chixulub. Esta comunidad está casi siempre olvidada por nosotros a pesar de que nos regala momentos inolvidables. Decía una amiga que cuando vamos de vacaciones de temporada o de Semana Santa “Le damos la cara al mar y la espalda a la ciénega” . La verdad es que a espaldas de nuestras casas hay una comunidad entera que vive ahí los 365 días del año y que tienen problemáticas muy complejas, ya que la economía de muchos depende de nuestro consumo o de la pesca de temporada que muchas veces ya no reporta las utilidades que reportaba antes. Una comunidad que necesita de nuestro ejemplo para mantener limpias las calles y las playas, una comunidad que se beneficiaría mucho de que nos ocupáramos de comprar nuestras cosas en las pequeñas tiendas y no en los grandes almacenes, una comunidad que nos abre sus puertas y comparte con nosotros sus bellezas, pero que nos pide a cambio un poco de ayuda y de compasión.

Familias enteras esperan estas temporadas de vacaciones para tener trabajo, saben que su paz y tranquilidad serán violentadas pero en recompensa tendrán un poco de beneficio económico que les permitirá sobrevivir en momentos y temporadas difíciles. Pero ahora con la presencia de grandes almacenes y de restaurantes de Mérida que se desplazan a la playa, los beneficios ya no se quedan en la comunidad y poco a poco el pueblo se va desgastando y va apareciendo un rencor que antes no existía contra las personas que van de temporada.

Hagamos un esfuerzo, limpiemos las calles y las playas, veamos a nuestro alrededor y gocemos la posibilidad de ayudar a nuestros más cercanos, a nuestros vecinos, no es necesario irse a África o a pueblos lejanos que no frecuentamos, tenemos a nuestro lado muchas personas que necesitan nuestro apoyo, no solo económico. Necesitan que las veamos, que las notemos, que entendamos sus necesidades y que juntos, en comunidad encontremos soluciones posibles a problemas que nos aquejan como la recolección de basura, la contaminación de la ciénega, el alcoholismo, la desnutrición y la falta de educación que los aquejan.

No todos fuimos de misiones y sin embargo todos tenemos una misión de nuestra vida que debemos buscar y cumplir. Hay que abrir nuestros ojos y nuestros corazones y ver en que podemos ayudar a estas comunidades que tanto nos dan año con año y que ya no debemos de mantener en el olvido. La compasión es acompañar al otro con amor, hagamos de ésta nuestra misión esta Semana Santa y el resto de los días del año y entonces sí habremos cumplido no solo con las formas para ser un buen cristiano sino también habremos tocado el fondo de lo que Jesús vino a enseñarnos con el ejemplo de su vida. 

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