20 de Junio de 2018

Opinión

Gran consenso

En algo hay uninimidad entre los políticos actuales: perpetuar los desmesurados privilegios de la plutocracia

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Durante 2016, los catorce mexicanos que poseen más de mil millones de dólares incrementaron sus fortunas en un 17%; el presidente Enrique Peña viajó a Yucatán para jugar golf en el Country Club; la presidente del PRD, Alejandra Barrales, omitió declarar la posesión de un departamento de un millón de dólares en Miami; Andrés López puso a cargo de la elaboración de su “proyecto de nación” a Alfonso Romo y Esteban Moctezuma; el PAN pagó a su presidente, Ricardo Anaya, numerosos viajes en primera clase a Atlanta, para visitar a su familia. Estos cinco hechos son, en realidad, una sola noticia: hay unanimidad entre los políticos de los principales partidos para perpetuar los desmesurados privilegios de la plutocracia, a la que inútilmente desean pertenecer.

Desde el poder público, se ha construido un régimen económico cuya prioridad exclusiva es lograr la mayor y más rápida concentración de la riqueza en un puñado de personas. A esta meta se ha subordinado todo. Se ha rebajado el salario mínimo a la tercera parte; se ha concesionado la mayor parte del territorio nacional a mineras, protegiendo sus actos de destrucción ambiental; se han establecido condiciones impositivas cercanas a la exención total a los más poderosos capitales, pero recortando sin piedad el presupuesto para educación y despidiendo empleados públicos. Por la vía de los hechos, se le ha garantizado a la microscópica oligarquía mexicana que el Estado no tiene más fin que su continuo enriquecimiento, sostenido por las peores condiciones de sobrevivencia para el conjunto de su población. Bajo la amenaza de Trump, con las deportaciones de Obama, con el estrangulamiento presupuestal, con la privatización de las ganancia de Pemex, con la devaluación del peso, con destrucción ambiental y con la miseria de la mayoría de las personas, las posesiones de esta élite crecen desorbitadamente.

El ideal de vida plena promovido desde el Estado es el de la frivolidad, el enriquecimiento como logro existencial, el lujo como realización personal y la patria emocional de los EU como esencia humana. La obscena acumulación de dinero más allá de cualquier capacidad personal para disfrutarlo, pero cimentado en la miseria brutal de las mayorías, es decorada con una patética por ingenua confesión de aspiraciones de Peña, Barrales y Anaya. Aunque nunca podrán ingresar al selecto club de milmillonarios -al que nadie entra, pero que perdió dos integrantes en los últimos años- mantienen el personal proyecto de, al menos de fin de semana en fin de semana, parecerse a los patrones. En cuanto a López, su pacto es una garantía orgánica de que nada cambiará en las condiciones de abuso general sobre el país en las que se ceban sus nuevos aliados.

Malos tiempos.

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