21 de Noviembre de 2018

Opinión

Independientes fallidos

En estas semanas vencen plazos para que los aspirantes a candidatos independientes reúnan las firmas que la ley les exige para competir.

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En estas semanas vencen plazos para que los aspirantes a candidatos independientes reúnan las firmas que la ley les exige para competir.

Quienes lo han venido logrando son una ínfima minoría de los que lo pretendieron. A nivel nacional esto ha llevado a que sólo dos de los 48 que fueron admitidos como aspirantes a la Presidencia (más de 30 fueron rechazados) tengan actualmente posibilidades claras de inscribir su nombre en la boleta electoral. Estos fracasos masivos demuestran varias cosas relevantes sobre el sistema electoral mexicano y más allá de él.

Lo más evidente es que el mecanismo de candidaturas es un fracaso, por dos razones. La primera es que el requerimiento de firmas de apoyo, antidemocrático por sí mismo, alcanza niveles de absurdo por el volumen y distribución de los apoyos exigidos: el 1% de la lista nominal de electores nacional, cubriendo con ello al menos el 1% de firmas en la mayoría de los estados. Cualquiera que haya intentado lograr el registro de un partido emergente sabe que, en la práctica política, el 1% de los votos son muchísimos y muy difíciles de obtener, emitidos en secreto y el día de la elección. Lograr el 1% de firmas acreditadas con credencial de elector es una exigencia que difícilmente podría cumplir la mayoría de los partidos con registro, olvidémonos de ciudadanos que no estén vinculados a estructuras partidistas o de gobierno. La segunda es que la inmensa mayoría de los votantes es leal al partido de sus preferencias, aun cuando al preguntársele declaren lo contrario, por lo que, como la práctica está demostrando, no están dispuestos a apoyar a ciudadanos sin partido. Podemos de esta manera observar con claridad que la llamada crisis de los partidos es una leyenda; éstos siguen colmando las exigencias de sus respectivos públicos.

El aporreón demuestra también la profunda ingenuidad de los pocos auténticos amateurs que quisieron entrar a la contienda, y que refleja una aún más profunda candidez del conjunto de las personas. Así, Ferriz de Con, que reunió más de tres millones de firmas para pedir la eliminación de la representación proporcional, no ha logrado hasta hoy que uno de cada veinte de aquellos firmantes lo apoye como candidato a la Presidencia. Al sentido común, el 1% le resulta ínfimo, y es considerado un requisito fácil por el público y por los espontáneos. Esta inocencia numérica es, en el fondo, la misma que sigue haciendo que hasta hoy las cadenas -esquemas Ponzi-, incluida la versión de ventas multinivel, sean un deshonesto y muy redituable negocio para sus organizadores.

Nada sin embargo parece indicar que los ciudadanos estén haciendo conciencia de sus propias afinidades partidistas, prefiriendo el pueril placer de creerse por encima de la política.

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