20 de Septiembre de 2018

Opinión

La regla de oro

El poder de la pluma

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Distintas culturas la han prescrito por milenios, y suele sintetizarse como “trata a los demás como quieras que te traten a ti”. En la cultura mexicana se expresa como “el que se lleva se aguanta”. Nuestros políticos, opinólogos y empresarios parecen no hacerse cargo de ella.

Durante los últimos días, un par de pequeñas crisis ilustraron esto con claridad: López Obrador llamó a algunos integrantes de la élite empresarial “minoría rapaz”; días después, Ricardo Alemán tuiteó un meme que sarcásticamente llamaba a los seguidores del tabasqueño a matarlo. Las reacciones de uno y otro lado fueron de indignación. Unos exigieron respeto, bajo argumentos como que quien se mete con la cúpula empresarial se mete con todos los empresarios, y que lo único que genera empleos y crecimiento económico en el país es el capital privado; los otro reclamaron que se había llamado efectivamente a asesinar al candidato y que se estaba generando un clima de violencia hacia él. Se llevan pero no se aguantan.

Los empresarios, a lo largo de los últimos doce años, han denostado al permanente aspirante presidencial de todas las maneras posibles. Sin rubor quemaron millones, que se niegan a pagar en impuestos, en la campaña publicitaria que lo acusaba de ser un peligro para México. Sin embargo, cuando el atacado responde, exigen un respeto que claman merecer porque son propietarios de una elevada proporción de la planta productiva, favor que les debe México.

Los lopezobradoristas no han dejado de atacar a lo largo de la longeva campaña de su candidato a una inmensa cantidad de personas que expresan opiniones contrarias a su candidato. Actos de acoso personal, como aquél del que fue víctima Carlos Marín, el infundio de corrupto a cualquiera que teniendo voz pública se expresa en contra del abanderado de Morena y el insulto personal, directo y generalizado, en redes sociales a todos quienes se le oponen son la regla. Sin embargo, cuando un periodista hace un chiste tan de mal gusto como los de los morenistas, se exige su inmediato linchamiento civil.
No es tan extraño.

La regla de oro parte de una convicción republicana. Dado que todos somos iguales, todos merecemos el mismo trato. Pero esto, el primer postulado de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, es rechazado como retórica a los dos lados de la mesa. La cúpula de los empresarios no pueden concebir la idea de que sus personas valgan lo mismo que las de sus siervos, en tanto que los fanáticos de Andrés Manuel encuentran insultante que se le trate como si fuera cualquier otro político.

A nuestro país le falta democracia, pero lo que más necesita es república.

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