13 de Diciembre de 2017

Opinión

El convivio de la risa

La comedia se enfrenta a tiempos complicados, los políticos van ganando espacio en ella.

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Hay personas que consideran la comedia como un género menor, un recurso fácil y vacuo, piensan que la gente se ríe de cualquier cosa. Hay personas y personajes que construyen su comedia en la misoginia, la homofobia o los atroces crímenes que azotan el país. Entiendo que cada quien su humor y sus posibilidades, nadie debe decir de qué vamos a reírnos, pero sí hay que pensar ¿de qué me río? Personalmente encuentro poco atractivo el humor cifrado en la escatología y el pastelazo. En cambio, disfruto mucho cuando la comedia se toma con la seriedad que en verdad requiere. Esto lo constaté hace unos días cuando vi El convivio del difunto, de Martín Zapata, montada con la Compañía Nacional de Teatro. Quizá haya quienes se pregunten si es válido que una Compañía Nacional entregue una comedia. A mí me parece que con una buena comedia de situación, con personajes complejos y creados desde una profunda seriedad no sólo es válido, sino importantísimo.

Es lo que sucede con las actuaciones de Arturo Beristáin, Diana Fidelia, Mariana Jiménez, Gastón Melo, Juan Carlos Remolina y Astrid Romo; ellos abordan sus personajes con un envidiable nivel de creación, se quiebran más de una vez ante un muerto que aún habla y camina, que es capaz de brindar por su muerte y encarar la traición. La escenografía y el vestuario son de muy buen gusto, toda la puesta en escena lo es.

La comedia se enfrenta a tiempos complicados, los políticos van ganando espacio en ella, por eso, que un dramaturgo como Martín pueda construir una comedia hilarante, excéntrica y a la vez romántica, me parece genial. Mención aparte merecen las actuaciones de Mariana Jiménez, actriz camaleónica que muestra su vulnerabilidad y se vuelve entrañable, y Arturo Beristáin, que es capaz de contener el amor eterno en su mirada, que utiliza todos sus recursos y nos lleva de la risa a la lágrima furtiva, inaceptable, la que nos recuerda lo frágiles y mortales que somos al caer heridos de amor. Confieso mi predisposición al ver a Diana Fidelia interpretando una sirvienta, pensé: ¡No es posible que una a actriz tan buena la pongan como la sirvienta del fondo!

Afortunadamente no es así, su personaje pone la picardía a la puesta. La risa colectiva también es un convivio, Martín Zapata es consciente de ello y por eso nos convida de un muerto enamorado que nos sacude la vida con su historia de amor.

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