11 de Diciembre de 2017

Opinión

Sólo un poco más lento

En ocasiones la vida va muy rápido y quizá por eso, a veces,nuestros corazones laten un poco más lento.

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Sigo de cerca el trabajo del director Diego del Río, admiro su capacidad para crear cerca de grandes histriones. He visto casi todas las obras que dirige, algunas me gustan más que otras, pero en todas veo a un director que va puliéndose paso a paso; su camino es generoso y sin efectos secundarios.

Ahora vi su último montaje Mi hijo sólo camina un poco más lento, de Ivor Martini. Un texto hermoso con muchas profundidades: una familia rota por una abuela con demencia senil y un hijo en silla de ruedas. La abuela deambula por la casa llamando a sus muertos, agrediendo verbalmente a quien se cruce en su camino, sus momentos de indefensión y lucidez son hermosamente interpretados por Concepción Márquez. Anahi Allué en el personaje de la tía, es una bomba de tiempo, una actriz con un carisma tremendo que usa todos sus recursos para volverse entrañable. Karina Gidies la madre del protagonista, un niño sano que un día empezó a caminar un poco más lento y ahora está confinado a una silla de ruedas. La madre vive en un espacio de alteridad, de negación, ocupándose en lo que sea, sin tiempo para pensar. Pero el cumpleaños del hijo llega y ellos deben celebrar. ¿Se puede celebrar con el corazón roto? Nadie sabe, pero se reúnen en torno al cumpleaños del joven en silla de ruedas y el mejor regalo que puede darle su madre es confesarse ante él: decir lo mucho que le duele la enfermedad que lo mantiene en la silla, que no ha querido aceptar el hecho y que ese día, por primera vez ha tenido que decir que su hijo ya no camina. Es entonces cuando entendemos que la frágil en realidad es la madre, que no puede aceptar el destino del hijo y se siente desvalida. El hijo sólo la mira y comprende.

Siempre digo que hay cosas para las que la vida no tiene respuestas y por fortuna está el teatro para hablar de ellas. ¿Cuántas mujeres han de sentirse vulneradas por las enfermedades de sus hijos? ¿Cuánta frustración? ¿Cuán grande el deseo de saber por qué? Si bien el teatro no tiene esas respuestas, tiene el enorme valor de poner estos temas en esa lupa finita en la que nos reflejamos. Me encantó el trabajo de Lu del Río, en ese encantamiento que me generan los actores que saben acompañar una historia. Todo el reparto hace un trabajo hermoso, nos conmueven y nos hacen entender que en ocasiones la vida va muy rápido y quizá por eso, a veces,nuestros corazones laten un poco más lento.

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