22 de Octubre de 2018

Opinión

Sobrevivir

Vivir fuera de tu lugar de origen puede ser un aprendizaje infinito.

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Vivir fuera de tu lugar de origen puede ser un aprendizaje infinito. De entrada, uno deja sus comodidades y, aun cuando en ocasiones la nostalgia se cuela en la maleta, siempre habrá tiempos para regresar a casa, a la familia. De alguna manera ejercitamos un músculo que pega fuerte a la nostalgia, aprendemos a evadirla y seguir.

El teatro me ha llevado por distintas latitudes, en algunas he sido testigo de la furia de la naturaleza. En Acapulco, viví un huracán; el mar furioso azotando todo, entrando por las ventanas, inundando el piso, me hacían cuestionarme: ¿Qué hago aquí? Recordé del huracán “Isidoro”, ese que pisó tierras yucatecas hace 15 años, el 22 de septiembre de 2002. Hace 2 meses, el 19 de septiembre, me tocó estar nuevamente frente a la tragedia: el temblor en la ciudad de México, los edificios se desplomaron y el movimiento telúrico cobró muchas vidas, llenando las calles de tristeza y miedo. La pregunta se repitió: ¿Qué hago aquí? Recordé que en Acapulco armé una colecta de ropa interior para los niños damnificados y, retomando ese aliento, dediqué mi tiempo y mis acciones a ayudar a los damnificados del sismo. Aprendí a dejar de preguntarme: ¿Por qué estoy en el lugar de la desgracia? Y entendí que quizá estoy ahí para probar mi capacidad de sobrevivir y ayudar. Es una constante en los sobrevivientes: por algo sigo aquí, aún tengo cosas por hacer. Yo lo creo, creo en la segunda, tercera, cuarta, quinta oportunidad para descubrir nuestra capacidad de ayudar y construir. Alguien me dijo alguna vez que mi signo marcaba que necesito destrucción para reinventarme. Si eso es real, me tocó estar en un lugar que se hizo cenizas y el momento para volver a empezar es perfecto. Me gusta saber que soy una sobreviviente, lo acepto como un signo de mi destino.

Ahora es tiempo de regresar a casa, a mis raíces, a mi familia. Tengo la enorme fortuna de ser cariñosamente recibida en Teatro Casa Tanicho, donde a partir del 2 de diciembre haré una residencia artística con varias de mis obras. “Irse es también una forma de regresar”. Me gusta saber que hay un lugar al que puedo volver, retomar la energía, el rumbo y seguir el camino. Sobrevivimos a tantas cosas, pero no somos conscientes de ello, ya que a veces las tragedias son personales. Pero de principio hay que recordar que estamos vivos y que esa es una extraordinaria oportunidad.

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