19 de Junio de 2018

Opinión

Buena onda, pero…

El Congreso del Estado aprobó, el martes pasado, reformas legislativas mediante las cuales se busca proteger a los adultos mayores de maltratos, indiferencia y abandono de sus propios familiares.

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El Congreso del Estado aprobó, el martes pasado, reformas legislativas mediante las cuales se busca proteger a los adultos mayores de maltratos, indiferencia y abandono de sus propios familiares.

En efecto, en tiempos de algarabía electorera, los 25 diputados de las seis fracciones partidistas: PRI (mayoría), PAN (segunda fuerza), PRD, Verde Ecologista, Nueva Alianza y Morena (del cual es amo y señor el “peje-tatich” ), aprobaron por unanimidad que se persiga como una especie de delito de oficio la falta de atención hacia los “jovenazos” que cuenten de 70 añejos para arriba.

De entrada, se puede alabar la buena voluntad de los legisladores por brindarles protección a los abuelitos para que, en lo que les quede de vida, lo hagan dignamente y sin muchos sobresaltos, sobre todo los que ya están más “añejados” o carecen de facultades físicas para valerse por sí mismos. Al menos por voluntad, vale el ordenamiento hecho desde el Poder Legislativo.

No obstante, no queda allí la reforma que indique “perseguir de oficio la falta de mantenimiento” a los adultos mayores porque, muy simple, quién o quiénes vigilarán que equis abuelito, que realmente sea maltratado o ignorado, pueda ser rescatado de las garras de sus familiares y que éstos reciban ejemplar sanción, sea económica o material, vulgus, directo al tambo por mactáes (come-caquitas).

El papel lo aguanta todo, pero acaso los diputados tuvieron el chance de averiguar cuánto es el porcentaje o, al menos, el promedio de adultos mayores que están totalmente abandonados por sus hijos e hijas; y de allí reglamentar qué tipo de autoridades se encargarán de investigar y ejercer acciones contra los desnaturalizados, cual viles fariseos.

Hasta el momento, las autoridades ministeriales sancionan a los padres que dejan sin manutención económica a sus hijos, pero todavía se ignora cómo le harán para ocuparse de asuntos relacionados con la tercera edad.

Alguien tendrá que denunciar determinada situación de maltrato o abandono y, una vez investigada, proceder a sancionar al o a los responsables. Todavía así, no será tan fácil sancionar a los descarados que golpeen o tengan a sus padres en el más oscuro abandono. Para empezar, hay pocos datos concretos del número de demandas sobre maltrato o indiferencia familiar para los abuelitos; entonces, ¿si no hay un principio, cómo se tendrá un final correcto?

PRIMERA CAÍDA.- Aunque la acción de los diputados es loable, también se corre el riesgo de que sea tomada como una estrategia electorera.

SEGUNDA CAÍDA.- ¿Valdrá la pena crear una sección especial del Ministerio Público para vigilar las demandas de este tipo?

TERCERA CAIÍDA.- ¿Cuántos votos dará esta reforma legislativa?

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