20 de Noviembre de 2018

Opinión

La última página del año

Después de leerlos no volverán a pensar que las mujeres somos cobardes o débiles, porque sin duda aun entre guerra y muerte son la ternura y el amor los que terminan por salvarnos a todos.

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En resumidas cuentas/Sólo nos va quedando el mañana.- Nicanor Parra

Hoy se escribe la última página de 2017, cada uno tiene una historia diferente que contar, algunos pondrán punto final con una sonrisa o con el corazón rebosando de dicha y amor, pero otros sienten una esperanza o alivio al ponerle fin a un año lleno de nostalgia, miedo o dolor. Millones de historias distintas y de corazones sincronizados que contarán los últimos minutos de este año que agoniza para recibir con ilusión y esperanza los albores del año nuevo.

Fin de año siempre es momento de reflexión, de balance entre lo bueno y lo malo, promesas y propósitos que a veces se extinguen mucho más pronto de lo que amanece; que leer no sea uno de ellos, que se convierta en un hábito para que deje de ser sólo una buena intención de año nuevo, porque, como decía Adolfo Bioy Casares, el que no lee “pierde irremisiblemente uno de los más gratos prodigios de este mundo”; por eso, en estas fechas abundan las listas de recomendaciones de libros, los mejores del año, los más vendidos, etc. Yo sólo a algunas personas les he regalado o prestado un libro y ha sido porque realmente son especiales y porque es una forma de demostrar que existe un vínculo de amistad. Tampoco tengo una lista de “mejores libros”, pero este año hay dos que definitivamente marcaron mi visión del mundo y de la vida: “La guerra no tiene rostro de mujer”, de Svetlana Alexiévich, y “Una librería en Berlín”, de Françoise Frenkel. Ambos abordan los temas de la guerra, exilio, dolor y muerte, y definitivamente después de leerlos sé que la vida y la libertad son hermosas, que quejarse como lo hacemos hoy por todo con la facilidad de oprimir un botón únicamente, sin actuar con compromiso y determinación, ética y congruencia, es sólo el reflejo de la banalidad de este mundo actual, muy distinto al de las primeras décadas del siglo XX, tiempos de guerra, de lucha y de humanidad. Quien no lee, piensa que su realidad es única e incomprensible, se aferra a ella sin entender que el otro también tiene una historia que contar.

Después de leerlos no volverán a pensar que las mujeres somos cobardes o débiles, porque sin duda aun entre guerra y muerte son la ternura y el amor los que terminan por salvarnos a todos.

En la última página del año quedarán historias que ya no continúan para convertirse en múltiples posibilidades de iniciar un nuevo capítulo con el corazón esperanzado en que dejemos de ser “un mundo con muchos humanos y poca humanidad”. ¡Feliz año y felices lecturas!

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