22 de Octubre de 2018

Opinión

La enfermedad del alcoholismo

Beber alcohol en exceso es una manifestación clara de la ansiedad de vivir como viven los otros, los privilegiados.

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El alcoholismo como enfermedad no es particularidad de los pueblos peninsulares; es un mal replicado preferentemente en las zonas indígenas del país, donde la pobreza tiene presencia perpetua. En esos territorios el consumo de alcohol es alto.

Existe información de que el alcohol en el pasado era utilizado para celebrar los rituales mágicos de los aborígenes. Su consumo fuera de esos rituales era duramente castigado. Las penas funcionaron como represas culturales, que no tuvieron la suficiente fuerza para confinarlo a lo sacro. El alcohol saltó la barrera de lo sagrado, para convertirse en ciudadano común. Del Balché y Saká al aguardiente barato y adulterado que se consume en las esquinas de los pueblos hay una enorme distancia.

El alcohol se ingiere porque consume la vida, desgasta las coyunturas que ligan al hombre con su miseria. A mayor depauperación, mayor entrega. Para el adorador de las lágrimas del cielo, no es inmoral su consumo; la ebriedad completa es un estado de paz total, es el nirvana en toda su expresión. Todo hombre tiene derecho a ser feliz, para eso, debe alcanzar ese estado a costa de todos los daños colaterales que provoque su objetivo. La evasión de la fatalidad tiene caminos bien conocidos.

La mirada de un extraño no logra penetrar a la profundidad de las cavernas de la soledad que enmaraña al campesino maya, éste no encuentra en la tierra el sostén digno para su familia, avergonzándolo. Los años de olvido provocaron vacía existencia, crecida y enraizada en la indiferencia, el miedo y la ignorancia. Lo místico perdió dimensión y se transformó en una caricatura mal dibujada en donde lo importante es que exista el líquido para libar hasta el cansancio. De esta manera el devaluado maya trabaja para mantener su vicio. Detrás del alcoholismo existen circunstancias profundamente encadenadas con la historia de su evolución social y étnica. Entender esa cadena de sucesos explicaría en parte su entrega total a la actividad primaria, en la que gasta la mayor parte de su vida el hombre en cuestión. Así, el alcohólico es el producto final del contenido de su historial étnico, cargado de sucesos nefandos y funestos; estos ingredientes se han cocinado a fuego lento con los condicionamientos sociales y culturales, personales y comunitarios.

Siento que en el alcoholismo se manifiesta de manera clara la ansiedad de vivir como viven los otros, los privilegiados, los poseedores de todo, los que toman coñac y whisky.

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