15 de Noviembre de 2018

Opinión

Inercia

México el país de la inercia, donde todo se mueve porque siempre se ha movido, y no porque lo estén moviendo.

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México el país de la inercia, donde todo se mueve porque siempre se ha movido, y no porque lo estén moviendo; llevamos años “creciendo” en promedio 2%, un porcentaje que no nos ayuda a avanzar; no nos genera ni un paso para adelante que nos impulse a competir, ni un paso atrás que nos obligue a replantearnos de manera masiva las políticas públicas y a quienes las han tomado y perpetuado.

El bajo crecimiento no logra cubrir la gran demanda de puestos laborales que nuestro crecimiento demográfico requiere, y para los que logran conseguir un empleo, éste, en muchas ocasiones, es insuficiente, precario y en ocasiones inhumano; como lo menciona el Coneval: “El ingreso laboral en México no alcanza ni para escapar de la pobreza”; en vez de eso, ella se acurruca con el 60% de la población mexicana ocupada que percibe menos de dos salarios mínimos al mes. No sólo crecemos infinitamente poco, sino que además se distribuye de manera errónea.

Si bien aún no nos encontramos en tiempos electorales para que los aspirantes a ocupar la silla del águila presenten propuestas concretas, tampoco los hemos visto realizando diagnósticos certeros de la situación del país; eso sí, los vemos cantando, criticando al oponente, bailando e inclusive algunos hablando bien de sus antepasados.

El inicio de las campañas está cada vez más cerca, hay que exigirle a dichos suspirantes una propuesta seria y aplicable, ya que, gane quien gane, se enfrentará a un México con una realidad social complicada, con una infraestructura y tejido social deteriorados por el descuido de su antecesor, una administración pública trabajando lo mínimo para obtener el máximo de beneficios personales, con programas desarticulados y diseñados exclusivamente para uso electoral.

El reto de los aspirantes no es ganar la Presidencia, sino reorganizar un gobierno abandonado y unos programas públicos utilizados para el beneficio de unos cuantos. Los ciudadanos y ciudadanas queremos escuchar “cómos” para lograr que, en los primeros dos años de gobierno, ese 2% se triplique y que la distribución de la riqueza sea más justa.

No se trata de crear propuestas utópicas, sino de comenzar a romper todos aquellos dogmas y paradigmas que creemos que pueden ser cambiados, colocar a las mejores personas y los mejores cerebros en la administración pública y al servicio de la sociedad, acabar de una vez por todas la política de mi propio beneficio y pensar en el bien común.

Ya vienen los aspirantes con sus promesas de siempre: más empleo, mejor educación, mejores servicios de salud, más infraestructura, menos delincuencia y una interminable lista de promesas recicladas que cuando carecen de un plan estratégico se convierten en simples palabras en un papel.

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