17 de Diciembre de 2017

Opinión

La hija rebelde

El problema de Ivonne Ortega es que su progresismo actual contrasta con su papel como gobernadora.

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Si algo han de presumir los priistas es su gran compromiso con la “institucionalidad”, que no es otra cosa que quedarse callado y esperar su turno de acceder al ejercicio del poder; en nombre de esta institucionalidad, los militantes priistas han permitido que muchas ilegalidades en nuestro país se concreten y queden impunes; aunque es importante no confundir con el “haiga sigo como haiga sido” del panismo de Felipe Calderón, el cual sólo sirve para la legitimación del poder.

Lo anterior lo traigo a colación, ya que en la próximas semanas veremos a grupos priistas muy movidos, previo a su asamblea nacional, la cual de paso servirá para establecer las reglas para el elegir a su próximo Cid campeador o campeadora, para los comicios federales en 2018; este personaje deberá ser el encargado de darle una estocada a la corrupción, la ilegalidad, el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito, la malversación de fondos; es decir, sacar al PRI completamente de Los Pinos y aun así quedarse ahí. El próximo candidato o candidata deberá declararle la guerra a su partido, ya que no veo otra forma de que alguien vote por la continuidad del mismo, y ante este escenario la mejor vía es la creación, o más bien, la duplicación de la fórmula elegida por el ex presidente Felipe Calderón: convertirse en la hija desobediente. Fórmula que además le ha funcionado a la protagonista de este artículo, cuando le arrebató la candidatura a Dulce María Sauri, quien ya se veía en 2012 con un futuro dulce.

En Yucatán decir el nombre de “ella” es equivalente a corrupción, atraso, hospitales sin construir, trenes rápidos fantasmas y unos cuantos calificativos y recordatorios hacia su madre; otros pocos y aun trabajadores del gobierno estatal o jefas de manzana la recuerdan con admiración y respeto, ya que una mujer de un municipio de fuera de Mérida llegó a convertirse en una de las más influyentes en la política mexicana.

Autoproclamada feminista, aunque no reconocida como tal, fue la única priista en votar a favor de la iniciativa presidencial sobre el matrimonio igualitario y abstenerse en la votación para la Reforma Energética; renunció a su cargo de diputada federal para formar un movimiento en contra de las acciones y políticas implementadas por el presidente Peña, y de paso, iniciar formalmente su camino como precandidata a la Presidencia de la República.

Y para lograr lo anterior ha comenzado a reunir aliados y aliadas para combatir lo que ella llama un priismo que no escucha a sus militantes, un priismo sordo ante la justicia social que clama el pueblo, un priismo inequitativo para las mujeres y ausente de la realidad social. El problema es que su discurso progresista contrasta mucho con su papel como gobernadora del Estado de Yucatán, donde fue todo, menos progresista.

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