15 de Agosto de 2018

Opinión

Uno mismo

El poder de la pluma

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Estoy seguro de que no hay nada más complicado que hablar de uno mismo, y quiero aclarar algo, hablar, no escribir, ya que, en mayor o menor grado, todos hemos escrito sobre nosotros mismos, ya sea en una libreta o en una hoja cualquiera, ya sea un largo texto o unas simples frases. Pero hablar es muy distinto, recuerdo que cuando les pregunto a mis alumnos cómo se definen, a muchas y muchos les cuesta decirlo, se quedan mudos, pensativos, o sonrojados, como si las demás personas estuvieran en tono de juzgarlos o minimizarlos. Probablemente lo que más nos preocupa de externar nuestras cualidades y defectos es quedar expuestos ante los demás y que éstos utilicen cualquiera de nuestros dichos en nuestra contra; por supuesto, cuando escribes las partes horrorosas del cuento sobre el papel, nadie más puede verlas, y así tu mirada, tus sombras y tu esencia siguen siendo tuyas.

Cuando he tenido que realizar este ejercicio, me sorprendo hablando más de mis defectos que de mis virtudes, porque hablar bien de uno mismo puede parecer egocéntrico y/o narcisista. Y aquí tenemos el primer problema, que a su vez deriva en uno de los grandes problemas de salud mental de nuestro estado: vivimos en un presente que nos obliga a querernos a nosotros mismos, sobre todas las circunstancias, pero no nos da las herramientas reales para poder hacerlo. Lo ejemplificaré: recordemos cuando estábamos en la secundaria y nos marcaban un problema complicadísimo, y llegaba una persona y te daba el resultado final; de cierta forma, ellos lo hacían de la mejor manera, pero en términos reales cuando tenías que resolverlo por ti mismo de principio a fin, sacar conclusiones y razonar la respuesta, la cosa no se complicaba. A lo que voy, de absolutamente nada sirven las frases trilladas “Anímate”, “Tú puedes”, “Eres el mejor”, si durante mucho tiempo las personas han estado bombardeadas con mensajes de belleza, amor o felicidad ideal. Querer ayudar a la sociedad con frases que no ponen soluciones con fundamento no sirve de nada. Lo que sí sirve es hablar de lo que no se quiere hablar, aceptar que es válido sufrir por algo o alguien, pero no tener miedo a enfrentarlo y, si eres el que escucha, ayudar a quien habla a establecer estrategias claras para poder enfrentar lo acontecido.

Seamos cómplices de las personas que están a nuestro alrededor, ayudemos a quienes lo requieran a conocerse, amarse y reconocer lo que quieren y lo que no quieren, seamos copartícipes de la felicidad, de lo que les mueve a nuestra familia, amigos y conocidos, y lo que les impulsa a seguir.

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