13 de Diciembre de 2017

Opinión

Pablo el líder

Primero sentenció a la muerte a cristianos; luego fue fiel seguidor de Cristo ¿por qué?

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Es uno de tantos libros escritos sobre el personaje bíblico Pablo de Tarso; se diferencia de los demás por que el autor, J. Oswald Sanders, nos presenta a un Pablo con la sencillez, virtudes y defectos de un hombre como nosotros. Narra su nacimiento dentro del pueblo judío, su filiación como ciudadano romano y seguramente miembro destacado del Sanedrín, cúpula de los jerarcas judíos que llevaron al cabo la ejecución de muchos cristianos antes y después de Cristo.

Es interesante enterarse que, siendo un perseguidor implacable, responsable directo de muchas muertes entre los seguidores de la naciente religión cristiana, vive una experiencia que le permite confrontar sus razonamientos, cimentados en la preparación rabínica que recibió a los pies del excelso Gamaliel, con la persistencia del grupo que perseguía, cuya fuerza estaba basada en las enseñanzas de Jesús de Nazaret y su discutida resurrección.

Fue necesario un evento que lo cegó temporalmente y una intensa preparación informativa para que sus enraizadas costumbres y su alto nivel intelectual, que comprendía, entre otras disciplinas culturales, el dominio de varios idiomas, conocimiento profundo de las costumbres judías, fariseas y las leyes romanas a un nivel que en la época actual equivaldría a doctorados, se derrumbaran y orientara su vida hacia la propagación y cimentación de la religión cristiana, convirtiéndose en el más tenaz seguidor de Jesucristo, aún sin haberlo conocido, al grado de que es considerado apóstol sin haber sido del grupo primigeneo que acompañó a Jesús.

Es el más grande publicista que ha existido en el mundo, pues, con los pocos recursos propios de la época, abonó más que nadie al cristianismo.

Ojo: nació en la burguesía romana, se educó en la elite de la cultura griega, utilizó todos sus recursos para los objetivos que perseguía. ¿Podremos poner nuestras esperanzas en Pablo, confiando en el milagro del cambio?

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