15 de Octubre de 2018

Opinión

Reingeniería del sistema educativo

El poder de la pluma

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Mucho se ha dicho y debatido sobre la derogación del nuevo modelo educativo que se implementa a partir de este ciclo escolar; sin embargo, muy pocos se han detenido para analizar el contexto legal y la viabilidad que implica el tránsito de un modelo, donde el fondo es el resultado de la evaluación de los maestros, a otro que visualiza una nueva educación para México, con nuevos arreglos, instituciones y reglas: más aprendizaje y menos estandarización; más contexto y menos centralización; más educación y menos evaluación. Los maestros tienen que aceptar que, al menos, durante el siguiente ciclo escolar, trabajarán con el modelo de Peña Nieto en tanto se reforma el marco jurídico que dé paso al proyecto educativo de AMLO.

Pero no todo será borrón y cuenta nueva, la evaluación continuará, lo que nadie sabe es cómo; quizá, más atada al contexto escolar y menos estandarizada. Esto dependerá de lo que suceda con el INEE y el Servicio Profesional Docente. Avanzar en el campo educativo conlleva cumplir con la prometida consulta nacional a maestros, padres y autoridades, la cual podría llevarse meses, y las modificaciones a la Constitución y leyes secundarias, quizá otro año más. Después vendría la entrada en vigor y el aprendizaje del nuevo esquema. Entonces, la educación de AMLO empezaría a funcionar dentro de dos o quizá tres ciclos escolares.

La desvinculación sexenal se hará presente, los niños de los primeros grados de primaria y secundaria tendrán al menos dos ciclos escolares con el nuevo modelo cuando entre en vigor la educación de AMLO; cambiarles el modelo pedagógico a la mitad del sexenio no es buena idea, ni para ellos ni para sus maestros. El reto de llevar a todos los jóvenes a la escuela y a la universidad es inimaginable considerando que México tiene la tasa más baja de matriculación para edades entre 15 y 19 años y la tasa más alta de ninis. El obstáculo no es solo económico y tampoco se arreglaría con una simple beca, falta ver si los jóvenes realmente quieran estudiar; la experiencia nos dice que muchos estudiantes, después de un año de estudios en la carrera, se dan de baja cuando descubren que lo académico no es su vocación. Contrastando más detalladamente las promesas con nuestra realidad, entendemos que el dinero no resuelve del todo el problema educativo, tampoco matricular a todos los jóvenes en las universidades.

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