12 de Diciembre de 2017

Opinión

Apresurado relevo en el INEE

¿Quién evaluará el trabajo de la evaluadora que se va?

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La salida de Sylvia Schmelkes del Valle de la presidencia del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) deja muchas tareas pendientes por hacer en materia de evaluación, tanto a maestros como en la aplicación de las diversas pruebas que el Instituto tenía a su cargo. Muy diluidos quedaron la esperanza y los sueños de mejorar la calidad educativa a través de la evaluación al magisterio, ya que, durante su gestión, el INEE perdió toda su autonomía ante el poder político; además, se le acusa de cobijar una profunda ola de corrupción interna, un uso indebido de las pruebas y los resultados de evaluación y un servilismo impune al gobierno mexicano, la Secretaría de Educación Pública (SEP) y su reforma educativa.

Al primer año, la ruptura de la Junta de Gobierno del INEE fue más que evidente; las malas decisiones, como repartir el trabajo institucional en cinco proyectos, uno para cada consejero, generaron un caos; se desatendió y propició el ingreso inconcebible y corrupto de personal llegado del Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (Ceneval) a la Dirección General de Medición y Tratamiento de Datos adscrita a la Unidad de Evaluación del Sistema Educativo Nacional. El cuestionado personal manipuló y ocultó resultados del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (Planea), tanto en Lenguaje y Comunicación y Matemáticas como en Habilidades para la convivencia, a fin de favorecer la Reforma Educativa.

El servilismo oficial y la pasividad de la funcionaria quedaron en claro cuando la Secretaría de Educación Pública amenazó con suspender la evaluación docente, cambiaron el calendario de Planea y obligaron a elaborar las evaluaciones diagnósticas de cuarto grado a las jefaturas de proyecto de la Dirección de Evaluaciones Nacionales de Resultados Educativos.

Llama la atención la urgencia del relevo, pues ningún consejero que la sustituya duraría los tres años que marca la ley; Eduardo Backhoff, el nuevo investido, concluye su periodo en 2018. La solución a esta complicación es simple: si no le alcanza el mandato, se va y se designa a otro.

Ahora ¿quién evaluará el trabajo de la evaluadora que se va? ¿Podrán al fin limpiar al INEE de la corrupción? Parece que las decisiones políticas siguen haciendo daño a la educación. El rey ha muerto, ¡VIVA EL REY!

 

 

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