15 de Octubre de 2018

Opinión

Aporofobia

Con este neologismo, “aporofobia”, la filósofa valenciana Adela Cortina revisa y reubica una de las más dolorosas enfermedades sociales que desde siempre han existido, la así llamada xenofobia.

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Si “fobia” no es sólo temor patológico, sino odio (aversión exagerada, para la RAE), y “xenos” es el extranjero, la xenofobia está de moda. Por ejemplo, Trump quiere levantar un muro hiperbólico para protegerse de los que patológicamente odia, de quienes le provocan aversión exagerada. Y tanto el brexit como los neofascismos en Europa son provocados por el odio patológico, la aversión exagerada a los refugiados que no se ahogan en el Mediterráneo, por ejemplo.

Pero Adela Cortina matiza. Ni Trump ni los neofascistas quieren cerrar la puerta a los extranjeros ricos. Quienes tienen cuentas bancarias, propiedades comprobables y tarjetas de crédito serán bien recibidos sea cual sea su origen. Esos extranjeros no provocan patología alguna o, digo yo, una filia, la plutofilia que también es patológica y convierte a los pacientes en babeantes lambiscones. Trump y los neofascistas europeos son plutófilos pero su fobia es disparada por los pobres.

Aquí y ahora, como ayer y siempre, los “condenados de la tierra”, que dijera Frantz Fanon, son los pobres, esos extraños que provocan odio, aversión exagerada, alergia.

Y, catedrática de ética, Adela Cortina desempolvó su griego para tomar la palabra “aporós” (que define a quien nada tiene para ofrecer, el pobre) y conseguir con ella dar otra dimensión a un ancestral problema: la fobia es al pobre.

Esto explica la crueldad de los capataces con sus iguales o que muchos hispanos y afroamericanos hayan votado por Trump. Pero, también dentro de nuestras fronteras, la aporofobia explica lo que no explica la xenofobia: las formas más perversas que llega a demostrar nuestro racismo. En nuestra patria, “indio” es sinónimo de pobre porque los blancos y los mestizos llevamos cinco siglos explotándolos. Nuestra aporofobia supera los niveles de lo inmoral que Adela Cortina, catedrática de ética, combate, y alcanza los niveles de patética.

Mucho da para hilar, en cualquier relación entre los individuos como entre las naciones (para citar al limpiador de nuestra mala conciencia), este neologismo y muchísimo más el deslumbrante texto de Adela Cortina editado por Paidós.

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