12 de Diciembre de 2018

Opinión

Barcelona es bona

Dice un refrán injusto que “Barcelona es bona si la bossa sona”. Es decir que se necesita dinero en la bolsa para gozarla. Es mentira.

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Durante estos días en que el independentismo ha puesto a Cataluña en las portadas de todos los periódicos, hemos descubierto en Netflix una serie llamada “Merlí” en catalán. Merlín, como el mago, y éste no es que sea mago sino alguien muy parecido: un maestro en toda la extensión de la palabra.

Mi padre que fue uno de esos maestros mágicos sufrió la Guerra Civil en Barcelona, aunque era de confín de La Mancha (Torre de Juan Abad), y desde Barcelona salió al exilio para enseñar, apasionadamente, las letras castellanas en nuestro México, hasta su muerte. Pero dominaba también el catalán y se sentía heredero de esa Escola Moderna, libertaria, de la cual el “Merlí” de Netflix es representante.

Digo en plural que descubrimos esa serie porque está en Mérida el escritor y también maestro Bruce Swansey. Juntos vivimos la Barcelona de 1977 y juntos gozamos una ciudad como no hay otra, así como la belleza de una lengua que es lo más cercano a la de los trovadores, su amor cortés y la tragedia de sus vecinos albigenses. Muchas amigas entrañables dejamos por aquellos rumbos. Y mucho hemos revivido gracias a “Merlí” y a sus peripatéticos discípulos.

Dice un refrán injusto que “Barcelona es bona si la bossa sona”. Es decir que se necesita dinero en la bolsa para gozarla. Es mentira. En cambio, mi padre me enseñó un apotegma justo: “Qui no ha vist Barcelona, no ha vist cosa bona”. No es preciso traducir esta verdad tan grande como el Tibidabo, la montaña desde la cual puede admirarse la gran ciudad.

Sobre cuestiones políticas y jurídicas del independentismo se ha escrito mucho. Hoy quiero, en cambio, recordar esa pedagogía que tuvo a Francisco Ferrer como uno de sus líderes. El tema pedagógico fue una de las aportaciones más importantes de la República española y, por ello, la reacción del franquismo contra los maestros fue feroz.

Algunos críticos han querido ver en “Merlí” una secuela de “La sociedad de los poetas muertos”. Ni mucho menos. Conecta con la pedagogía republicana en cuyos genes estaban la Montessori y Pestalozzi hasta llegar a los héroes del magisterio que, cuando no tuvieron que salir al exilio, fueron asesinados en cualquier cuneta o sufrieron las brutales depuraciones de la posguerra.

En ellos pensamos mientras vemos al “Merlí” con sus peripatéticos y esperamos la siguiente temporada.

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