21 de Noviembre de 2018

Opinión

Trabajo sexual y abolicionismo

El prohibicionismo protege lo que pretende abolir y la despenalización, a las víctimas.

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La aparición simultánea de dos inteligentes y documentados libros sobre el mundo de la fantasía erótica y de la prostitución (mientras con falacias buscan recortarse libertades plasmadas en la Constitución de la Ciudad de México) confirma esta premisa: el prohibicionismo protege lo que en apariencia pretende abolir y la despenalización protege a las potenciales víctimas.

Dejo de lado la prohibición y consiguiente guerra contra las drogas que ha sumido al país en el horror, porque la discusión ya ha sido perdida por los prohibicionistas y sólo se mantiene el statu quo por cuanto a su sombra medran los traficantes de drogas y de armas. Pero nada más queda por decir.

Los dos libros a los que quiero referirme son El fulgor de la noche (Grijalbo) de la antropóloga y defensora de derechos humanos Marta Lamas, y La difícil vida fácil (Punto de Vista Editores) de Iván Zaro, con prólogo del poeta Luis Antonio de Villena, sobre la prostitución masculina en España.

El flagelo terrible de la trata ha venido a ensuciar los cristales con que hoy se mira la prostitución. Parecería que ya no puede hablarse de un trabajo sexual entre dos adultos que consienten porque la idea de la moderna esclavitud todo lo impregna.

Estamos ante una línea delgada pero que es necesario distinguir, y tanto uno como otro libro pretende hacerlo con toda claridad. Ambos niegan la premisa mayor de los abolicionistas de que no puede haber prostitución libre y consensuada aunque, sobre todo el importante texto de Marta Lamas deja clara la obligación de los gobiernos para impedir la trata y para proteger el trabajo sexual.

Al tratarse de la prostitución masculina, en la cual la trata no resulta ni mucho menos tan grave en los adultos, el libro de Zaro no se detiene con tanta puntualidad en este tema.

Desde hace años me encuentro entre quienes creen que el comercio sexual es un trabajo que debe defenderse como cualquier otro y deben procurarse las asociaciones como la que en algún momento existió en la Ciudad de México.

El asunto es delicado y por eso recomiendo el libro de Marta Lamas que, además, contiene la postura de Amnistía Internacional a favor del trabajo sexual y en contra del abolicionismo.

Son temas como éstos los que definen a los partidos como de izquierda o derecha, no la retórica de sus líderes.

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