12 de Diciembre de 2017

Opinión

Tiempo, palabras y oportunidades

En la vida existen tres cuestiones que no tienen retorno.

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Recientemente encontré en un libro un párrafo que removió mi conciencia: "Tres cosas nunca vuelven en la vida: el tiempo, las palabras y las oportunidades". El párrafo me hizo reflexionar sobre lo que ocurre en la vida cotidiana, en relación con esas tres cosas que no tienen retorno.

Y en efecto, el tiempo transcurre lenta e inexorablemente para todos segundo a segundo, minuto a minuto, hora tras hora, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, y así, un día nos damos cuenta que nos truenan las rodillas, los codos y los hombros, o que es necesario controlar la presión, pues ésta sube o baja.

Aun con lo anterior, en ocasiones no nos percatamos de que los años han pasado y que los hijos y sobrinos ya crecieron, y que los nietos empiezan a llegar, sintiéndonos así muy joviales. Sin embargo, al acercarnos a la sexta década, empezamos a preocuparnos por cómo viviremos al llegar la edad del retiro y entonces sí, percibimos que el tiempo ha pasado ya y que no es posible recuperarlo.

Con la madurez nos llega también cierto grado de lucidez y empezamos a dilucidar lo que en el tiempo hemos dicho y caemos en cuenta de que grandes palabras nunca las debimos de haber expresado y que somos consecuencia de todo lo dicho, en la forma dicha y a quien se lo hubiéramos dicho.

Hecha la reflexión sobre lo dejado de hacer y de los efectos de nuestras palabras, nos damos cuenta de que, por gran tiempo, permanecimos a la vera del camino, esperando que regresaran aquellas oportunidades que dejamos pasar en algún momento de nuestra vida y que tal vez nunca volverán. ¿Nostalgia?

Quizás sí, ante la imposibilidad de extender el tiempo para realizar aquello que en ocasiones pasadas deseamos en nuestra vida; por aquellas palabras que lo más sensato hubiera sido habérnoslas reservado, y por aquellas oportunidades que, aun cuando estuvieron al alcance de nuestra mano, las dejamos pasar esperando mejores tiempos.

¿Para qué preocuparse por el tiempo o por los efectos de las palabras, o por aprovechar o crear las oportunidades, si aún lo mejor está por venir?

Sin embargo, cuidado con dejar pasar el tiempo sin pensar en el futuro; cuidado con sus palabras y con las oportunidades, pues dicen que a éstas las pintan calvas y el día que se presenten hay que agarrarlas de donde se pueda.

Si es usted joven, ¿piensa ya en cómo vivirá el resto de sus días, cuando la edad del retiro llegue?

Si es usted mayor, ¿piensa ya en cómo recomponer las cosas, porque la edad del retiro se acerca rápidamente y las oportunidades parece que se le fueron?

Recuerde que hay tres cosas que nunca vuelven en la vida: el tiempo, las palabras y las oportunidades.

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