18 de Diciembre de 2017

Opinión

Equinoccio de Dzibilchaltún: 35 años de su hallazgo (3)

...logré el descubrimiento en el Templo de las Siete Muñecas sin remover un gramo del derrumbe del edificio

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Sigue el relato de don Luis Ramírez Aznar:

Para los mayas, así como para todos los pueblos primitivos, el sol es el “dador de vida”, el astro que hace crecer las plantas, que permite la lluvia y que produce todos los fenómenos para la vida humana; por lo tanto, para los pueblos de mentalidad mágica, y entre ellos el maya, es una de las máximas deidades y todos los movimientos aparentes deberían de registrarse, como los equinoccios, que determinan la duración del día y de la noche; y los solsticios, que marcan las máximas declinaciones del astro solar hacia el Norte y hacia el Sur.

Como prueba de lo anterior, Segovia Pinto dedujo que el Palacio del Gobernador en Uxmal no es más que un determinante de este viaje solar, siendo la esquina noreste la que marca el solsticio de verano y la esquina sureste, el solsticio de invierno; cabe recordar que éste es el edificio más bello de América. El equinoccio de Dzibilchaltún bien puede en el futuro considerarse como uno de los muchos atractivos que Yucatán ofrece al turismo nacional e internacional. Se une a todo un cúmulo de maravillas existentes en la tierra del Mayab.

Es digno de recalcar el descubrimiento, llamémosle así, que hicieron el empeñoso arqueólogo Segovia Pinto y el custodio de Dzibilchaltún, José Guadalupe Huchim Herrera, nativo de Muna, a quien felicitamos por su inquietud arqueológica, que abona el buen tino del INAH para seleccionar a sus guardianes y cuyos méritos quedan ya consignados y han dejado para el futuro el fenómeno del “Equinoccio de Dzibilchaltún”. Hasta aquí don Luis Ramírez.

Esta nota me llena de orgullo porque fue escrita por un apasionado de la arqueología, todas sus experiencias y visitas a los sitios arqueológicos las publicaba en una sección del periódico Novedades.

También reviví en un instante ese momento sentados frente al edificio junto con el gran maestro Víctor Segovia, con quien pasé muchas aventuras astronómicas, así como las anécdotas de una generación anterior de arqueólogos que fueron sus profesores. Gracias al hecho de ser el primer seguidor de Segovia, logré el descubrimiento en el Templo de las Siete Muñecas sin remover un gramo del derrumbe del edificio, que cada seis meses es visitado para observar este maravilloso evento astronómico.

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