23 de Septiembre de 2018

Opinión

Extraviarnos con las palabras

¿Cuántas de las palabras que pronunciamos a diario son trascendentes para nosotros y para los otros?

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La directora de cine Sofía Coppola logró un filme con un auténtico desnudo en 2003. Fue suficiente con que los protagonistas de Lost in translation se acostaran sobre la cama e iniciaran una conversación poco habitual, mostrándose tal como son, sin sesgos en las palabras, dejando claro al espectador cuáles son los miedos y la vulnerabilidad que sienten. Sin necesidad de quitarse la ropa, la filósofa y frustrada esposa de un fotógrafo, Charlotte, se abre al actor veterano, Bob Harris, quien se encuentra hastiado de su vida. La intimidad de la conversación en la cama resulta más significativa que cualquier posibilidad de sexo. La atmósfera se intensifica al ocurrir dentro de un hotel japonés. Lo idiomático y la cultura oriental son la metáfora idónea de la incomprensión y la soledad que padecen ambos.

El temor a rajarse y revelar quiénes somos no es un sentimiento único de un país, laberinto que, según Octavio Paz, es propio del mexicano. ¿Cuántas de las palabras que pronunciamos a diario son trascendentes para nosotros y para los otros? Te disfrazas con ellas, juegas a ocultar y mostrar, como si tus palabras fueran una cámara fotográfica con la que fragmentas parte de tu totalidad. A veces es inevitable sentirse perdido. ¿Cómo distinguir entre los retazos milagrosos y la banalidad que a diario llenan los oídos?

Dentro del complejo descifrar de mensajes, existen atajos que resultan más laberínticos. Es el amante que busca la vía rápida para olvidar momentáneamente su soledad. La corporalidad y desnudez tiene más genuinidad al entregarse. La pierna que acaricia con sus manos, los labios a medio abrir y las sensaciones suceden en un presente que no deja dudas de lo que está pasando. Ha escogido un lenguaje diferente para llegar al otro. Simulación entre maniquís. Cree haber burlado el extravío al que lo tienen sometido las palabras. Los amorosos se complacen en ser el centauro de cuatro piernas durante unos minutos, ser una suerte de Shiva de cuatro brazos. Abandonan su condición humana de soledad y se convierten en una quimera.

Gastón Bachelard dice que en cada casa que habitamos buscamos el calor de la primera, algo así nos sucede. Vamos conociendo a las personas con la pretensión de encontrar el ensueño y la protección del hogar. Con las palabras sabremos si la puerta nos es abierta, acompañado de un poco de intuición nuestra. Al entrar avanzaremos, veremos cada uno de los cuartos y decidiremos si desempacamos. No es nada que se diga en voz alta, pero cargamos con maletines contenedores de ese género de palabras que Coppola puso en boca de sus actores principales.

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