12 de Diciembre de 2017

Opinión

María dos Prazeres

Las certezas de la vida toman sentido cuando son pronunciadas desde las bocas de las personas que amamos.

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A Conchi y a Leo, quienes platican por kilómetros

En una carretera cuya constante lleva hacia lugares queridos de la infancia de mi madre y de mi abuela, he descubierto que las certezas de la vida toman sentido cuando son pronunciadas desde las bocas de las personas que amamos. Se agradece cuando sin quererlo, y siendo lo último que esperamos escuchar, una frase nos reconforta el alma; aun cuando las palabras giren en el sentido de no existir más.

Crecemos con la idea de que la única certeza que tenemos es la muerte, ¿qué de tenebroso hay en saberla inevitable? Las muertes se acumulan en las personas que se quedan, las que buscan respuestas a través de casualidades y causalidades, las que una vez que han recibido el golpe, buscan aliviar el ajeno. Expertas y expertos en quedarse y en reconfortar; tienen una preparación que resulta casi mágica.

María dos Prazeres (1979), del autor colombiano Gabriel García Márquez, es un cuento corto que narra la historia de una mujer que lleva la premonición de su muerte en cada parte de su cuerpo y mente. En este sentido, ha decidido preparar todo cuanto sea necesario para el evento que significará el fin de sus días. Naturalmente necesitaría de personas que se encarguen de su cuerpo una vez que sus certezas se confirmen en un acto final, por lo que solicita que la agencia funeraria le haga una visita para arreglar detalles logísticos; la preparación resulta fundamental. Otro que tenía instrucciones era Noi, su perrito, quien había aprendido a llorar y caminar cotidianamente desde su casa hasta el cementerio donde le lloraría a María. La cosa iba en serio.

Los años pasaban y ella no moría, porque quizá aún tenía motivos para vivir; sorprenderse. ¿Nos preparamos? Vivamos en lo cotidiano de las horas. La preparación es interna y la paz viene a través del bienestar común. Estamos escritos en el tiempo y sabremos sentirnos cerca del momento inevitable, la veremos en los ojos propios o ajenos; estaremos listos. De momento, nuestra certeza es que respiramos.

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