14 de Octubre de 2018

Opinión

"La partida"

En algún momento, más temprano que tarde en la vida, hemos sentido la necesidad de irnos.

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En algún momento, más temprano que tarde en la vida, hemos sentido la necesidad de irnos. De soltar todo aquello que nos une a la cotidianidad agobiante y partir lejos de todo lo que conocemos. Se siente como si fuera una urgencia, como si el alma revoloteara dentro de uno y nos diera a entender entre latidos incesantes que tenemos que movernos y no quedarnos estáticos; que algo más nos espera.

Por supuesto que todas las vías de salida son distintas, y no todas suponen escapes. Muchas veces tenemos la urgencia de irnos solamente para regresar con los mares internos en calma. Con los ojos tranquilos y el alma dormida. Bastan unas horas, unos kilómetros; el chiste es irse para saber regresar.

Siempre he admirado el gran trabajo que supone escribir un cuento corto. Si en esta ocasión hablo de uno, es porque ha tocado las fibras sensibles de lo que me parece el reflejo del instinto humano expuesto en escasas líneas.

En “La partida”, de Franz Kafka, nos enteramos de la historia de un hombre que sin decirlo se presenta mediante palabras que llevan aires de gran poder y distinción. Un buen día ha solicitado a su sirviente que de favor le traiga su caballo del establo; esa fue la única orden.

Como si el rumbo de su vida pudiera decidirse a partir de un deseo que luego se volvió palabra. El sirviente obedeció, pero su extrañeza le hizo verbalizar una pregunta sencilla pero esencial:

“¿A dónde va, patrón?”. El hombre contestó: “No lo sé, simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta”.

El sirviente un tanto atrevido preguntó al patrón si conocía su meta, a lo que el patrón respondió positivamente, su meta era irse “fuera de aquí”.

¿Es que se trata de un momento exacto en la vida de todos? Hemos sentido esa urgencia, de irnos lejos y dejar todo atrás; de sabernos dueños de nuestro destino; aun cuando las palabras de nuestra vida ya están escritas.

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