19 de Octubre de 2018

Opinión

¿Quién nos escribe?

Pido un instante para pensar en el acto de escribir; en el nuestro y en el de las personas que nos rodean...

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Lejos de pensar en lo que de momento podría referirnos a la novela de la que hablaremos hoy, considero necesario hacer una pausa entre líneas y, ¿por qué no?, una pausa entre todos los pensamientos que habitan en nosotros y en los cuales habitamos.

Pido amablemente un instante para pensar en el acto de escribir; en el nuestro y en el de las personas que nos rodean. Consideremos también los puentes que nos conectan, mismos que son sostenidos con tantas y tantas palabras dirigidas al papel, al viento, a la virtualidad.

En otro instante del pensamiento aparece la espera. ¿Cómo es que de pronto pareciera venir de la mano con el hecho de escribir? Las probabilidades son infinitas y los motivos nos resultan cercanos. Las razones por las que escribimos dominan los impulsos, escribimos porque lo sentimos, porque queremos saber, porque buscamos respuestas; una suerte de magia que deriva en esperanza. Escribimos con la esperanza de obtener una respuesta.

El coronel no tiene quien le escriba (1983), de Gabriel García Márquez, cuenta la historia de un coronel que ha dedicado los últimos quince años de su vida a ser un ejemplo de la espera. La carta de jubilación es una promesa que trae consigo un cambio económico para él y su esposa. Se trata de una esperanza con aires de bienestar y de reconocimiento por todos los años en los que dedicó su vida a servir. Naturalmente, una espera de esa magnitud se propaga hasta los brazos que toca el coronel: su esposa y un gallo.

La primera es la fortaleza, quizá una razón posible para luchar; el segundo es el último recurso, un gallo preciado que, en un instante dado, pudiera fungir como salvador, un último recurso. Por supuesto que la desesperación se siente a través de los párrafos, la incertidumbre invade la calma interna y el deseo de recibir una respuesta lo llevamos incluso nosotros. No hay respuesta.

Nadie le escribió al coronel. Y nosotros, ¿nos perdemos en la espera de quién? De momento, escribámonos; seamos nuestra respuesta segura.

Certezas.

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