21 de Septiembre de 2018

Opinión

"El ruido y la furia"

Cierto es que nos repetimos en la historia.

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En un intento de pensar en tragedias, es muy probable que pensemos en la propia. La mayoría de nosotros carga con un pasado repetitivo con tonos de desgracia. Puede que se trate de un evento traumático o de algo que se ha venido repitiendo en la familia como si se tratara de un hilo que narre y destine los acontecimientos finales de las personas que compartimos la sangre que nos une. Cierto es que nos repetimos en la historia.

En la literatura, la complejidad no siempre es apreciada. Los autores que más se pegan al canon literario son los mismos que eventualmente serán mirados con recelo; los abandonados en el estante. Retos les llaman, y lo son. Personalmente, invito a creer que son retos que valen la pena aún en lo naturalmente desafiante que pudiera resultar su lectura. Porque intuimos que el acercamiento con el lector es probablemente el último objetivo.

En El ruido y la furia (1929), de William Faulkner, he encontrado la dificultad del pensamiento expuesto de una manera magistral. Resulta casi mágico cómo la manera de narrar puede causar un impedimento frustrante como primer acercamiento a la lectura. Advierto que la novela está dividida en dos capítulos, donde el primero de ellos está narrado por Benjy, miembro de la disfuncional familia Compson y quien es igualmente un deficiente mental. Y, por supuesto, sus pensamientos los encontramos escritos como disparos del encantador desorden de su mente. Entre líneas sin sentido aparente, ausencias de comas, puntos y uno que otro acento, Benjy marca la pauta para dar los primeros tintes de su desgracia familiar. Tenemos las primeras sesenta líneas que cuestan y que retan para luego llegar a la voz de Quentin, hermano mayor de Benjy. Él aclara las muertes, el embarazo y la castración.

Mirar la desgracia ajena puede aliviarnos o reforzar la nuestra, sabemos que cada quien las narra como las siente, entre desórdenes mentales o desórdenes de vida. La delicadeza de los secretos se convierte también en una manera de saberse a través de lo que nos marca.

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