21 de Julio de 2018

Opinión

"El perro de caza"

Los conquistadores hacían incursiones en poblados indígenas para cometer tropelías y abusos de todo tipo.

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Junto al perro nativo de América, los cazadores de las comunidades indígenas se hacen acompañar de uno al que llaman sabueso, alano o de cacería. Guadalupe Cevallos y Marisa Fernández publicaron que los antecesores de estos canes eran feroces perros de presa y los españoles los trajeron consigo para utilizarlos en la colonización americana.

Dichos animales eran de naturaleza implacable, pues, cuando luchaban, sujetaban a su adversario por la cabeza hasta matarlo. Al paso del tiempo se mezclaron con las demás especies y atenuaron su temperamento. En México, todavía quedan algunos descendientes directos de los originales y se les llama también perros toro.

Agregan Cevallos y Fernández que, en Coahuila, se cuenta un relato sobre un hecho de mediados del siglo XVII, en la fundación de Saltillo. Los conquistadores hacían incursiones en poblados indígenas para cometer tropelías y abusos de todo tipo. Llevaban a estos abominables perros, los cuales atacaban a hombres, mujeres y niños.

En una de esas ocasiones, una mujer quiso huir pero fue alcanzada por una de esas fieras. Al verse perdida, se arrodilló ante el animal y lo miró fijamente a los ojos mientras con sutileza le repetía: “Perrito, señor perrito no me coma, lo quiero señor perrito” y agitaba un cascabel cuyo sonido contrastaba con los ladridos del can.

El animal, acostumbrado a excitarse con la huida de sus víctimas, enfrenó su embestida. Le gruñía a la mujer y rozaba sus colmillos en su cara. Pero ella no cesaba de hablarle con suavidad. Pasados unos cuantos minutos, la mujer se aventuró a acariciarle el hocico. Llegó la noche y la joven india seguía implorando al perro alano que le perdonara la vida. Por fin la bestia se sentó y comenzó a menear la cola. Lo siguió acariciando hasta salvar la vida y llevarlo consigo.

Cuentan que así fue conquistado el primer perro cazador cuyos sus descendientes encontrarían hogar y cariño entre los nativos. Al paso de los siglos se convirtió en un compañero fiel que ayudaría mucho en la cacería del venado y otras especies a los indígenas mexicanos. 

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