14 de Agosto de 2018

Opinión

El hombre que se convirtió serpiente (y 2)

El poder de la pluma

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Tomás, el hombre que se convirtió en serpiente por comer la carne de ese reptil, se refugió en una cueva. Su patrón, un anciano comerciante que lo había contratado, fue a buscar a la familia para que lo vieran por última vez. Este relato fue recopilado por José Valencia Oseguera y María Antonia González en una comunidad purépecha de Michoacán.

Cuando el anciano contó a la esposa lo que le había sucedido a su marido, ella se puso a llorar. Dijo que sería bueno avisar a los padres de Tomás y así se hizo. Se reunieron todos y junto con el cura se dirigieron a la cueva.

El papá de Tomás le preguntó a su hijo qué le había pasado. El hijo contó de nuevo su triste historia. El comerciante le reprochó haber comido demasiada carne. El infortunado hombre dijo que le gustó tanto que no aguantó la tentación de comerse otro pedazo. Aseguró que esa carne estaba más sabrosa que la de puerco.
El comerciante se dirigió al señor cura y le preguntó qué se podía hacer con ese pobre hombre. El sacerdote se acercó y pidió que le contaran nuevamente cómo habían sucedido las cosas. Tomás repasó todos los hechos y terminó diciendo que después del descanso se dio cuenta de que se había transformado en víbora.
Entonces el sacerdote le ungió con los santos óleos. Dijo que a pesar de la forma que había adoptado este hombre, todas las personas son hijas de Dios porque fueron bautizadas al llegar a este mundo.

El clérigo siguió hablando mientras le tocaba los cabellos a Tomás. En un momento imprevisto, el cura le dio un gran jalón a la cabellera del desdichado hombre y le arrancó una tremenda serpiente. El reptil hizo un ruido horrible al salir del cuerpo de Tomás y huyó con rumbo desconocido. Así terminó el problema y el relato.

Aunque los autores no aclaran qué sucedió con Tomás, se supone que recuperó la forma humana por efecto de la intervención divina que, a través del sacerdote, le extrajo la maligna serpiente que lo aquejaba.

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