12 de Diciembre de 2017

Opinión

El chivo de la gruta

Los animales que fueron traídos del Viejo Mundo se integraron a la cosmovisión de los indígenas americanos.

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Los conquistadores trajeron especies animales con el propósito de aprovecharlas para el consumo o utilizarlas en actividades económicas: caballos, cerdos, ovejas, cabras y bovinos. Con base en la convivencia diaria y la explotación durante la época colonial, los animales fueron asimilados por la cosmovisión de los grupos originarios, mestizos y los mismos europeos con variados significados y connotaciones.

Actualmente, en casi todo México se encuentran evidencias de esa asimilación. Para ejemplificar este proceso cultural se cita un caso publicado por Marcia Trejo Silva.

En Linares, Nuevo León, en la región de los indígenas gualagüises, dicen que hay una cueva que contiene un tesoro y es habitada por un chivo gigante. Cuando algún aventurero intenta entrar a la caverna, el caprino se le enfrenta y lo embiste con sus fuertes cuernos para hacerlo desistir. Casi todos los hombres huyen aterrorizados.

Pero si el hombre resistiera el embate del gran chivo, entonces éste se convierte en una enorme marrana que arrastra una cadena, y también ataca al ambicioso a quien perseguirá hasta su propia casa. Los dos animales protagonistas de este relato, la cabra y el cerdo, fueron traídos del Viejo Mundo. Su función simbólica es proteger un supuesto tesoro, elemento que por sí mismo constituye tema mítico aparte. El gigantismo de ambos animales indica que se trata de seres sobrenaturales.

La cueva es el espacio simbólico de muchas culturas donde moran cientos de entidades mitológicas. La oscuridad elimina el paso del tiempo. Por esto, los personajes conservan su existencia y vitalidad, como sucede con el chivo y la marrana. El lance en que la cabra se convierte en cerda para atemorizar más al intruso es raro. Además, se descarta que el relato se clasifique como mito de brujería, pues queda ausente la intervención humana.

La incorporación de fauna foránea no sustituyó ni restó importancia a los relatos de los animales autóctonos. Por lo contrario, la cosmovisión, la tradición oral y los mitos locales se enriquecieron fortaleciendo su identidad.

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