18 de Septiembre de 2018

Opinión

El árbol

Introducirnos al análisis de la o las personas que provocan un hecho puede dar mayores expectativas objetivas acerca de los motivos que hay detrás de cada conducta.

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Los acontecimientos sociales, al ser vistos subjetivamente por cada ser humano, dan la pauta para hacer una reflexión limitada acerca de lo que hay atrás de algún hecho; producto de la percepción humana, no asumen una visión más amplia acerca de lo que hay atrás de cada situación. Tan es así que nuestras opiniones siempre versan de manera directa acerca de lo que oímos y vemos, pocas son las veces que nos damos tiempo para profundizar en aquellos acontecimientos acaecidos y que tienen impacto en nuestra vida diaria.

Introducirnos al análisis de la o las personas que provocan un hecho puede dar mayores expectativas objetivas acerca de los motivos que hay detrás de cada conducta; es decir, aquellos que provocan las situaciones y/o los hechos traen consigo una serie de factores que pocas veces tenemos la oportunidad de analizar. Como bien se dice, cada cabeza es un mundo, por ello la reflexión objetiva debe convertirse en la base de nuestra opinión; apostar a una deliberación subjetiva de lo que acontece en la vida diaria sólo puede convertir nuestras opiniones en palabras sin sustento. Pero cada quien hace su propia reflexión y análisis, las situaciones diarias deben convertirse en el incentivo que induzca a un cambio de paradigma, hacer que aquellos dedicados al análisis simplista pasen a una objetiva meditación, por supuesto, con el único fin de contribuir al mejor vivir.

No podemos responsabilizar sólo a uno de aquello en lo que de manera directa o indirecta podríamos ser responsables todos; por supuesto esto es así; un ejemplo, hablemos de una posible simetría entre este tema y una manzana con una consistencia inadecuada; no soy una persona dedicada al campo, pero la lógica me dice que en algún punto del proceso para obtener esa manzana en esas condiciones alguien falló, eso significa que un producto con esas características es el resultado de un mal proceso.

Es así como el ejemplo descrito puede explicar por sí mismo los sucesos sociales: por un lado, vivimos de manera cotidiana acontecimientos dizque inexplicables, que llevan aparejadas expresiones como: “Se veía tan tranquilo y mira es un delincuente”. Por eso, al profundizar en la estructura formativa de la persona podríamos encontrar respuestas, directrices, guías o en todo caso líneas formativas para llevar a buen puerto a nuestra sociedad, así como ocurriría también con la manzana: si nos dedicáramos a atender el árbol, seguramente no hubiera resultado ese tipo de fruta. Necesita esta sociedad de ciudadanos mejor formados, con valores, con principios, con total conciencia de que su aportación como personas contribuiría de manera positiva a favor de todos.

 

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