24 de Septiembre de 2018

Opinión

Receta

No hablaré de comida, pero el título vuelve interesante la columna de alguien dedicado a escribir temas sobre el ser humano, además de atraer al lector para el análisis, la reflexión y la crítica.

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No hablaré de comida, pero el título vuelve interesante la columna de alguien dedicado a escribir temas sobre el ser humano, además de atraer al lector para el análisis, la reflexión y la crítica.

Hace días, como ocurre cuando se presentan problemas con jóvenes, una persona me expuso una situación que tiene con su hijo; sin entrar en detalles, escribiré de manera general acerca de lo que hoy viven los jóvenes.

Es el caso, que las circunstancias de ese joven no están alejadas de la realidad actual de cualquier otro ni mucho menos de la conducta de otros como él. La mayoría de las situaciones que hoy se presentan en la formación de un hijo son y serán similares a la de cualquier hijo en el pasado, el presente y el futuro.

Cuando hablamos de cómo conducir a un hijo por el camino correcto, no sólo hablamos de lo que nosotros debemos trazar como rumbo, también de lo que él quiere construir para llegar a un destino; intentar imponer una dinámica del pasado hoy resultará difícil.

La similitud de las situaciones que vivimos en su momento nosotros siendo hijos, nuestros padres siendo hijos y nuestros abuelos siendo hijos está solamente en la necesidad de formar. Hay parecido en los tres casos, pero el mundo actual no es igual para nadie.

Para lograr entender este punto, tendríamos que utilizar varias publicaciones por la profundidad que requiere este tema, pero aprovecharemos al máximo de lo que disponemos.

La manera que esa amable persona usó para formar a su hijo fue perfecta, no le faltaba nada, pero seguir el mismo modelo y repetirlo sin resultado implica que algo no está bien. Después de esa vivencia puedo decir con certeza que cada día estoy más convencido de que los padres necesitamos entender el mundo actual, para ello debemos prepararnos; la velocidad con que suceden las cosas no nos permite utilizar los mismos métodos.

Los riesgos en la formación de un hijo son diferentes de los que tuvieron nuestros padres al formarnos y consecuentemente nuestros abuelos con nuestros padres.

Cómo olvidar el modelo del pasado, en el que era imposible atreverse a llegar con aliento alcohólico a casa, con olor a cigarro y que decir de la hora, pero esa fue una receta que funcionaba, que era eficaz, que lograba llevarte por el camino correcto; hoy ya no funciona.

No se trata de seguir hablando de lo que hace falta, sino de lo que debe llevar la receta; para iniciar la formación de un hijo debemos prepararnos y así usar los ingredientes infaltables: principios, valores, reglas, límites y grandes cantidades de amor. La receta la decide usted con su toque personal.

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