19 de Octubre de 2018

Opinión

Maternidad subrogada

Han convertido a los bebés en productos comerciales.

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El mes de mayo nos invita a reflexionar sobre la maternidad y sabemos que la ilusión de muchas parejas al casarse es la de concebir hijos.

Para quienes celebramos el Día de la Madre es sumamente conmovedor, los hijos son el motor de nuestra vida y quienes nos hacen emprender proezas insospechadas; sin embargo esto no es así para algunas personas, pues escuchamos que la incidencia de parejas estériles cada día aumenta y aunque la ciencia está trabajando para darles oportunidades y alternativas, en la práctica algo se ha prostituido y de muy mala manera.

Entendemos que el tener hijos es un don y que no le puedes reclamar a nadie cuando no puedes concebir; entendemos también el legítimo deseo de formar una familia y de intentar por los medios que ofrece la ciencia lograrlo, pero también entendemos que para ello no puedes violentar a otros y que existen límites éticos.

Actualmente la maternidad subrogada violenta de muchas formas no sólo a la madre que gesta un hijo de “quien sabe quién” en su vientre sino al mismo bebé, al cual se le trata como mercancía en un rastro, negándole incluso el derecho a la filiación natural a la que tiene derecho.

En algunos países la práctica de la maternidad subrogada está legalizada y los términos del ejercicio de la misma varían de un lugar a otro, lo que es una constante es que ofrecen sus servicios con un maquillaje bondadoso, pues para lograr aceptación le dicen gestación por sustitución.

Con ello han creado una cortina de humo con apariencia de solidaridad y apoyo a las parejas, sin embargo, analizando bien la situación, detrás se esconde un negocio muy jugoso que ha convertido a los bebés en productos comerciales y que involucra a muchas personas, contando con la permisividad de gobiernos, abogados, médicos y personas sin escrúpulos.

Muchos son los problemas que se desprenden de esta práctica y muchos de ellos son graves.

Sin ánimo de agotarlos, ya que son demasiados, nombraremos los que más preocupan, porque aunque algunos involucrados quedan “satisfechos” porque se amparan con la “legalidad”, conocemos que dicha práctica se vincula con verdaderos delitos como lo es el tráfico de personas y la explotación de mujeres con fines reproductivos.

Para tomar conciencia de esta realidad tenemos por un lado el sufrimiento de los padres infértiles y el lucro que de ello hacen las agencias promotoras; tenemos también la vulnerabilidad de las mujeres en situaciones desfavorecidas y el dinero que pagan las parejas acomodadas para obtener hijos a cualquier precio; tenemos a los bebés convertidos en productos con estándares de calidad y a la madre de alquiler utilizada como producto desechable; tenemos las implicaciones para la salud física y psíquica que afronta la mujer gestante, además de las que aún no conocemos y que se revelarán en los bebés toda vez que sabemos la importancia del vínculo materno durante el embarazo; tenemos también que la dignidad humana es el pilar de los derechos fundamentales y vemos como tantos países tuercen las leyes para pasar por alto la legislación internacional; tenemos como se violan los derechos del menor a quienes privan del derecho de identidad, nombre y nacionalidad contraviniendo la Declaración Universal de Derechos Humanos y como se violan los derechos de las mujeres gestantes a quienes se les priva de la libertad en el proceso.

Para las parejas que desean ser padres, existen otras alternativas como lo son la adopción, lo que procedería en estos casos es erradicar del sistema jurídico la maternidad subrogada pues no existe el derecho a tener hijos y no existen los derechos de una persona sobre otra.

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