20 de Octubre de 2018

Opinión

Profesores inolvidables

Una buena parte de nuestras vidas la pasamos precisamente en los salones de clases.

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Cada día 15 de mayo, que recordamos y celebramos a los maestros nos vienen a la mente numerosos recuerdos, historias de quienes con palabras, gestos, emociones, sabiduría y ejemplos que han marcado nuestra vida de una o de otra forma.

Desde que entramos a las aulas en maternal o preescolar hasta que las dejamos sea en secundaria, preparatoria, después de la carrera técnica, licenciatura o incluso el posgrado, nos ha tocado vivir muchas experiencias que van desde las más divertidas hasta las dolorosas; pero sin duda inolvidables gracias a nuestros profesores.

Haciendo un ejercicio de memoria, trasladándonos a esos años mozos que nos vieron crecer en los salones de clase seguramente traeremos al presente a quienes nos enseñaron las primeras letras y números, pero también a aquellos que no sólo se limitaron a informarnos sino que con consejos y su ejemplo nos ayudaron a forjar el carácter, aquellos que nos mostraron su lado humano, los que nos enseñaron a ser mejores personas, los que nos trataron de forma paternal o maternal y más de una vez nos abrieron el corazón, a los y las maestras que cuando más lo necesitábamos nos dieron un abrazo, enjugaron nuestras lágrimas y nos animaron a seguir adelante con una palmada de confianza.

Muy posiblemente, los recuerdos que cada quien evoque les tendrán esbozando una sonrisa de nostalgia por aquellos años escolares, o tal vez fruncirán el ceño recordando algún mal momento, al final experiencias que habrán constituido oportunidades para sacar algo de provecho.

¿Quién en las reuniones de generación no recuerda los chistes y las travesuras? O las preguntas serias o tontas, una petición de disculpa, un pleito, una plática, todas estas anécdotas que forman parte de quienes somos hoy, ya que una buena parte de nuestras vidas la pasamos precisamente en los salones de clases.

La noble tarea del profesor empieza por decir sí a una vocación, reviste una misión que requiere de muchísima paciencia para enseñar, amabilidad para estar siempre presente y brindar una sonrisa, entrega y pasión para que puedan recibir de los alumnos losmejores resultados que puedan dar, generosidad para compartir su tiempo y sapiencia, humildad para aceptar los errores, responsabilidad a la hora de enseñar y honestidad para apegarse siempre a la verdad.

El libro Martes con mi viejo profesor relata una historia de la vida real entre un alumno y su profesor, que no se limitó a enseñar la ciencia para la cual fue contratado sino que su tarea fue más allá con sus alumnos para enseñarles valores y como ser mejores seres humanos, les enseñó que en la vida no basta con sacarse buenas calificaciones o saberse de memoria lo que los libros contienen, sino que en la vida para sobresalir las personas tienen que mirar al prójimo y ser solidarios con el otro.

Porque seguramente todos tenemos una anécdota que contar, es que hemos querido rendir un pequeño homenaje a quienes con su autenticidad, congruencia y pasión nos han enseñado a ser una mejor versión de nosotros mismos.

Profesores, gracias por no limitarse a enseñar lo que los libros contienen sino a transmitir con su ejemplo y testimonio valores para la vida. Este es el gran reto de enseñar, ya que enseñar es dejar una huella en las vidas para siempre. ¡Muchas felicidades, pues su vocación eleva las virtudes de sus educandos!

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