20 de Septiembre de 2018

Opinión

DECIR NO FOMENTA MUCHOS SÍ

Los límites para el ser humano no son obstáculos para la libertad.

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Frecuentemente en diversas charlas sale el tema de cómo la sociedad se ha visto afectada por diversos fenómenos que perturban a la población a nivel global cuyas manifestaciones se ven en la violencia en las aulas, el crecimiento de la delincuencia juvenil, la falta de disciplina, las adicciones al juego, al alcohol, drogas y pornografía; la cosificación del cuerpo humano para hacer de él una mercancía que se pueda vender, comprar, usar o tirar como si fuera objeto de placer; los actos de corrupción, etc.

¿Buscar culpables? Nos parece un poco ocioso, pues desde hace algún tiempo se están dando las condiciones idóneas para que se desarrolle toda esta problemática. Por un lado tenemos lo que se propaga en los medios de comunicación, la ausencia de padres en casa y el exceso de permisividad y por otro tenemos la crisis económica, el desempleo, la impunidad, el desencanto de la clase política que nos gobierna, etc.
¿Buscar soluciones? Ello siempre será más constructivo y el lugar natural para empezar es el hogar.

Ha quedado más que demostrado que en los hogares en donde se enseñan límites los hijos aprenden lo que es bueno y malo para ellos.
Aquí se nos presenta una oportunidad a los padres: ¡Necesitamos saber decir no!, decir no a los hijos puede ser muy saludable, pues contrario a lo que se cree no necesariamente nos vuelve intolerantes o enemigos de la permisividad.

La negativa, bien utilizada es elemento clave para formar inteligencias claras, voluntades libres y afectividades sanas.

Las actuales generaciones de padres de familia dan la impresión de temer decir no a los hijos, les tiembla la voz cuando tienen que poner un límite y se sienten culpables cuando lo hacen.

Existen límites en todos los campos de la vida. La diferencia entre un niño y un adulto consiste en que el primero desconoce hasta dónde puede llegar en sus deseos, qué le ayuda o hace daño, qué es bueno y qué es malo. Los límites para el ser humano no son obstáculos para la libertad, sino justamente los cauces para que pueda elegir cada día el bien, la verdad y el amor pues nos distinguimos de los animales por nuestra inteligencia, voluntad y libertad.

Educar la libertad humana en orden del amor, no es otra cosa que enseñar a los hijos que lo más valioso para los padres son ellos y por tanto no podríamos querer que algo malo les suceda, queremos su bienestar y su felicidad y queremos que ellos aprendan a elegir bien.
Tengamos en cuenta que detrás de cada “no” dicho en aras de su formación existirán muchísimos “si” en su futuro.

Cuando decimos que no a los actos de egoismo, dejando de estar cada uno en el centro favorecemos los actos de generosidad.
Si nos negamos a los actos realizados a la ligera, fomentaremos la responsabilidad y el espíritu de lucha.

Cuando enseñamos que no son admisibles los actos ilegales, inmorales o de corrupción le estaremos dando un sí a la honestidad y congruencia.

Si le decimos que no al maltrato animal y a la violencia en general estaremos cimentando el respeto, la justica y la paz.
Cuando le decimos que no a los actos de descuido de nuestro entorno, estaremos abriendo la posibilidad de ser solidarios con los demás y al mismo tiempo estaremos preservando la casa común que nos da cobijo.

Cuando le decimos que no a los comportamientos sexuales separados del amor verdadero, estaremos dando pasos firmes a matrimonios estables y felices.

¿Cuáles son nuestros no que fomentarán muchos si? De las familias salen los buenos o malos ciudadanos ¿A quiénes estamos formando en la nuestra?

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