17 de Julio de 2018

Opinión

Formar a los hijos aunque duela

El poder de la pluma

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¿Eres papá o mamá y se te hace muy difícil la educación de los hijos? ¡Bienvenido al grupo! Se escucha cada vez con más frecuencia que los papás tenemos muy difícil la tarea de educar en esta época que nos está tocando vivir, que hay una crisis de valores que ha ido permeando poco a poco en la sociedad y que esto es producto muchas veces de los medios de comunicación que han ido transformando nuestra cultura.

En parte es cierto.

Pero la mayoría de las veces somos los padres los que estamos claudicando en la tarea que tenemos encomendada, cediendo ante los embates y tormentas del entorno, poniendo muchas veces tal resistencia que en lugar de formar conciencias críticas, sólo estamos conteniendo males, cuando sería preferible no perder ni un momento en la tarea de formarles desde pequeños.

Los padres tenemos que conocer a nuestros hijos para ayudarles a conocerse, que descubran su carácter, sus fortalezas, sus defectos dominantes, sus reacciones y motivaciones y sus debilidades.

Hay momentos en que pareciera que es al revés, que son nuestros hijos los que nos conocen a nosotros y saben muy bien cómo manejarnos, como si los patos les tiraran a las escopetas, como dice el refrán.

¡No en vano se dice que somos la generación obediente! Aunque parezca ya muy trillado, obedecemos a nuestros padres y a los hijos...y aunque no queramos lo seguimos haciendo…

Nos da un poco de miedo castigar a los hijos, hacerles pasar alguna incomodidad, no queremos que sufran de ninguna forma, queremos quitarles cuanto problema podamos para que les vaya “bien” en la vida… y estamos haciendo justo lo contrario…

Algunas parejas sacrifican parte de su relación conyugal para darle gusto a los hijos, perdiéndose que el mejor libro con el que pueden educar en el amor es su propia historia, hay parejas que dejan de salir los fines de semana para no entorpecer los planes de sus hijos, ¡no vaya a ser que se molesten! Hay padres que parece que piden permiso a sus hijos cuando les dan una orden: “mi amor, ¿te parece si te vas a acostar?”

¿En qué momento se nos metió la idea de que los hijos deben de estar siempre contentos? Estamos pagando cara la factura, porque en lugar de hijos contentos tenemos unos caprichosos que creen que se merecen el mundo entero.

Les estamos privando de las oportunidades que la vida nos ofrece para formarlos, para que ejerciten su voluntad, su libertad, para que crezcan como personas ante las dificultades.

No queremos decir que hay que evitar ser cortés o darse a los demás, al contrario es un valor que se aprende y vive en familia, lo que ocurre es que parece que esta capacidad es exclusiva de los padres y los hijos no corresponden, como si fuese un valor de una sola vía.

Les damos a los hijos mucho de lo que quieren y muy poco de lo que necesitan, por ello les es tan difícil lidiar con la frustración, el dolor o el rechazo.

Hay que formar a los hijos aunque nos duela, quisiéramos que su vida sea miel sobre hojuelas, pero es verdad que un ser humano sólo se crece cuando sobrelleva dificultades y sobrevive a las adversidades.

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