16 de Noviembre de 2018

Opinión

Políticamente correcto

El poder de la pluma

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Últimamente hemos visto en las noticias que reproducen los medios, cómo los diferentes candidatos se manifiestan ante los ciudadanos a quienes les solicitan el voto de la manera que muchos consideran “políticamente correcta”, pues de alguna manera temen manifestar sus convicciones de forma abierta en los tópicos que se consideran polémicos.

No nos ha pasado desapercibido que así se trate de los presidenciables, gobernables, o aspirantes a alcaldes, senadores, diputados o cualesquiera que estén compitiendo en el próximo proceso electoral, el hecho de cómo muchos están eludiendo manifestarse ante todos los ciudadanos como lo hacen cuando están ante su familia, amigos o círculos de confianza.

Vivimos un tiempo en el que predomina el relativismo o el subjetivismo y se usan mecanismos de legitimidad, como es el consenso para cambiar muchos conceptos.
¿Cómo lo hacen? El consenso, o bien el acuerdo entre dos o más personas en torno a un tema, no implica consentimiento activo, tan solo una aceptación en el sentido de no-negación con lo cual no se ciñe a una realidad objetiva, es decir, no considera aspectos fundamentales de la filosofía, sino que tan solo basta que digan que sí o que no para cualquier decisión, quedando excluidas las herramientas de que dispone una persona por medio de su inteligencia como la lógica y el sentido común, etc.

El punto de partida de la filosofía es la experiencia, constatar las cosas mediante observación; el proceso posterior es la reflexión formulando una pregunta precisa: ¿En qué consiste aquello que es necesario para que esto sea? Podemos decir que el fin es expresión de la esencia.

Esto se traduce en que primero constatamos que una cosa es (existe) para luego determinar de acuerdo con su esencia una definición que la contenga.
A varias definiciones les han metido mano desde las Cámaras legislativas, violando con ello la esencia de las mismas, es increíble cómo algunas personas se han dejado seducir por semejantes opiniones que ahora vemos no son capaces de reconocer (lo que una cosa es y que no puede ser otra cosa, pues dejaría de ser).

¿Puede haber interrupción legal del embarazo?, cómo si este pudiera continuar. Algunos se han tragado esta definición sin ponerla en tela de juicio.

Aunque muchos candidatos ante la pregunta de ¿qué opinan sobre el matrimonio igualitario? Respondan que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ya se ha pronunciado al respecto y respetarán la ley; o bien, cuando se les ha preguntado ¿qué opinan sobre el aborto? Y responden que defienden la vida, pero no quieren ver criminalizada a la mujer, en realidad tan solo están diciendo lo que es “políticamente correcto”. Estas respuestas dejan un poco huecas las mismas preguntas.

Para el caso de Yucatán en concreto, casi todos los candidatos han dicho que respetarán la ley, y la ley en Yucatán a nivel constitucional establece que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, y que la vida se protege desde la concepción y hasta la muerte natural, ambas definiciones están en nuestra Constitución porque se estrenó la Ley de Participación Ciudadana en 2009 para incluir estas reformas.

Si entendemos la diferencia de los poderes que gobiernan a un país democrático nos queda claro que la SCJN no legisla, sino que tiene a su cargo velar porque no se viole la Constitución, ésta tal y como el Poder Legislativo se las entregue, incluso nos ha tocado atestiguar que cuando el Ejecutivo manda iniciativas de ley al Congreso, éstas no son la última palabra, como ya sucedió en 2016, justamente por estos mismos temas que encontraron el rechazo generalizado de la mayoría de la población mexicana.

Mediante triquiñuelas se quiere legislar el aborto con el nuevo disfraz de la NOM-046 que dizque protege a las víctimas de violación, pero que condena a muerte a una víctima indefensa como es el bebé en gestación. El aborto no es un derecho, es un delito.

Se nos tilda de homofóbicos a quienes hemos dicho que el matrimonio no es el contexto que se ajusta a las parejas del mismo sexo, decir matrimonio igualitario no decreta una igualdad por consenso a una realidad que evidentemente es muy diferente.

Hoy el reto es defender las propias convicciones, a pesar de tener enfrente una maquinaria que quiere dejarnos incapacitados para pensar, razonar y usar el sentido común. 

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